miércoles 16 de enero de 2008

INFORME AL II CONGRESO NACIONAL DEL PARTIDO DE LOS COMUNISTAS

LA INSALVABLE CRISIS ECONOMICA Y SOCIAL DE MÉXICO SOLO SE RESUELVE EN EL SOCIALISMO.

Hoy estamos aquí reunidos los representantes de la base del Partido, delegados de las células electos en todo el país. Cumplimos así, democráticamente, con nuestras normas estatutarias.

Este segundo Congreso Nacional que estamos celebrando tiene objetivos muy claros. En primer lugar, fortalecernos en todos los aspectos de nuestra organización y dejar sellado el pacto de unidad que dio vida al Partido de los Comunistas. Hemos superado –por así decirlo- la prueba de la práctica desde aquél 26 de julio de 2003.

El llamado Consenso de Washington, fraguado desde 1989 para intentar resolver la crisis de la deuda externa, es un rotundo fracaso. Como lo demostró en su tiempo el Comandante Fidel Castro, ésta es una deuda impagable, incobrable e inmoral. Según datos del economista cubano Osvaldo Martínez, en 20 años -1986-2004- el tercer mundo pagó por concepto de intereses del servicio de la deuda externa 4,4 millones de millones de dólares y esta deuda no ha sido pagada todavía.

Los 10 puntos adoptados por los teóricos del imperialismo en Washington como Consenso, dictados a los gobiernos de América Latina como políticas públicas, por todos nosotros conocidas contra nuestros pueblos, como son: liberalización comercial, ingreso indiscriminado de inversiones extranjeras directas, tasas de interés favorables para la especulación financiera, privatización de los activos públicos, disminución del gasto público, disciplina fiscal para controlar el déficit presupuestario y una reforma tributaria. ¡Todo para resolver el problema de la deuda externa!

Los resultados están a la vista. América Latina y el Caribe –exceptuando Cuba- es la región que, según informan analistas autorizados en la materia, presenta mayor desigualdad. La décima parte de la población más rica percibe 48 por ciento de los ingresos totales, mientras que el 10 por ciento de los más pobres obtiene solo el 1.6 por ciento.

Pero la nación estadounidense no se queda atrás en cuanto a desigualdad se refiere. Según una opinión de Phil Gaspar, publicada en la página Internet de Rebelión, en 1998 el 10 por ciento más rico de la población de EEUU poseía más del 85 por ciento de las acciones e inversiones inmobiliarias, el 85 por ciento de los valores financieros, el 91 por ciento de los fondos de inversiones y el 92 por ciento de todo el patrimonio neto. Globalmente –continúa- los datos son todavía más apabullantes. En el mundo poco más de 500 personas poseen más del total de los ingresos de más de la mitad de la población del planeta.

Sin embargo, el imperialismo no está en condiciones de imponer su dominio. Si bien es cierto que hace muchos años perdió la iniciativa histórica, hoy ha perdido la iniciativa política en los asuntos del desarrollo en el planeta y el crecimiento alcanzado después de la Segunda Guerra Mundial ha caído en el abismo. Hoy China tiene en sus manos un espectacular desarrollo económico que se manifiesta en un promedio estable en los últimos años del 10% de crecimiento del Producto Interno Bruto anual (PIB). Lo mismo pasa con Venezuela, que el año pasado tuvo un crecimiento cercano al 18% del Producto Interno Bruto y que en este año va por el 10%. La pregunta es ¿cuál es una de las causas fundamentales del espectacular desarrollo económico de esos dos países? Muy sencillo: ejercen su soberanía y emprenden el desarrollo de sus países con independencia.

Así pues, la independencia nacional pasa a ser un asunto de la mayor importancia para todos los mexicanos como garantía del crecimiento y recuperación de nuestro nivel de vida. No podemos crecer subordinados al imperialismo.

Sin embargo, este modelo de dominación en Irak goza de las bondades del FMI, condonándole el pago de la deuda externa, en virtud de la presencia de las fuerzas invasoras en la nación árabe administrada por sus títeres.

Las guerras del imperialismo, masacrando pueblos como en Afganistán contra Al-Qaeda, y en Irak contra el régimen de Sadam Hussein, con el argumento de combatir al terrorismo, han resultado una flagrante mentira y un gran negocio. En su insalvable crisis, los EEUU gastan -según sus propios datos- 5,9 mil millones de dólares mensuales en Irak y otros 1,9 mil millones de dólares mensuales en Afganistán, que en una maniobra fraudulenta de contabilidad declaran que no influye en el gasto, porque no forma parte del presupuesto ya que es una erogación exclusivamente manejada por el genocida y criminal de guerra inquilino de la Casa Blanca, George W. Bush. Es decir, son los gastos personales de Bush.

En el caso de la guerra de agresión imperialista, el modelo capitalista de rapiña neoliberal se impone vendiendo a firmas y monopolios los recursos naturales, el agua y la tierra, aplicando leyes de propiedad intelectual como, por ejemplo, para dictar la política agraria del Banco Mundial en esa nación árabe.

Por estas lacerantes condiciones que llevan a la muerte a millones de seres humanos en el planeta, condiciones que estallan ante nuestros ojos en México, es que los pueblos en masa han derribado gobiernos y derrocado gobernantes. Una ola de acciones de las masas empobrecidas de nuestra región en América Latina se han levantado, reivindicando los derechos del pueblo y su soberanía nacional, desde Brasil, Uruguay, Argentina, Ecuador, Venezuela y Bolivia, por citar algunos hechos de este relevante proceso, al que hoy, el pueblo mexicano no es ajeno.

Estamos en una franca ofensiva antiimperialista, anticapitalista y de liberación nacional.

El 1º de enero de 2005 es la fecha que marca la derrota del ALCA, porque no pudo ser firmado y no se transformó en instrumento legalizado por la traición y el desprecio a la vida de los pueblos latinoamericanos. En nuestro país lucharemos junto a nuestro pueblo para que el ALCA no lo firme el gobierno de México jamás, así como también le auguramos al “alquita” mejor conocido como TLC, firmado por el gobierno mexicano con EEUU y Canadá, que será derrotado junto con el Plan Puebla Panamá, planeados para cercenar y mutilar a la Nación mexicana.

El ALCA, proyecto anexionista y descarado instrumento de los monopolios yanquis en complicidad con serviles gobiernos latinoamericanos y que, para vergüenza de México Vicente Fox Quesada ensalza con particular emoción apátrida, es un proyecto condenado al fracaso. No permitiremos jamás que ese horrendo y perverso plan del imperialismo yanqui arrase con nuestro suelo y con nuestra vida

Es la hora de la unidad antiimperialista y de la lucha anticapitalista de los pueblos latinoamericanos y México no se queda atrás.

Cuba tiene un lugar de vanguardia en este concierto de las luchas de los pueblos latinoamericanos por alcanzar su total y definitiva independencia, con la inexorable derrota del imperialismo y la construcción del socialismo.

Ante la bancarrota del imperialismo han surgido supuestos nuevas teorías para rectificar el modelo neoliberal, diciendo que el fracaso se debe a una mala aplicación de los responsables de llevarlo a cabo, por lo que ahora nos proponen la aplicación de una llamada segunda generación de reformas.

¡No! -decimos nosotros- ya se les acabó el tiempo con todo y el llamado Pacto de Chapultepec, que busca reconstruir el modelo de dominación en nuestro país, creando programas sociales compensatorios y de limosnas como lo fueron antes Solidaridad y Progresa, y hoy Oportunidades; o de pensiones a los ancianos.

De modo que –insistimos- no hay tiempo, ni condiciones para ensayar salidas a la crisis que ellos mismos han provocado y que piensan resolver con base en las mismas reglas del juego.

Los cambios regresivos operados en este país devastado por el neoliberalismo, han modificado el panorama de las clases sociales, profundizando la desigualdad y la injusta distribución de la riqueza.

El Banco Mundial reconoció desde los años de gobierno de Zedillo que el 20% de la población más enriquecida recibía el 56% del ingreso nacional, mientras que al 20% de la población más empobrecida, correspondía apenas un poco más del 3% de ese mismo ingreso.

El Gobierno actual reconoce que la mayor parte de la población sufre diversos grados de pobreza hasta llegar a la indigencia y a la marginación. La CNN, la poderosa cadena televisiva norteamericana, afirma que mientras la mayor parte de la población mexicana vive con menos de un dólar al día, hay en México unos 85 mil millonarios (menos del 0.1% de la población), de los cuales once figuran en las listas de los hombres más ricos del mundo que publica la revista Forbes. Tal es el caso de Carlos Slim, que ya ocupa el tercer lugar.

A los mexicanos se nos quiere vender la idea de que esa enorme riqueza es producto del talento, de la audacia y, aún, del sacrificio del empresario mexicano, pero la explicación es más sencilla: Slim se robó, con la complicidad de Carlos Salinas, una parte importante del patrimonio de la Nación mexicana: Teléfonos de México.

En nuestro país, como en Rusia, la subasta de las empresas del pueblo produjo una serie de magnates y de mafiosos que manejan fabulosas fortunas.

Desde hace casi un cuarto de siglo se inició el proceso de desmantelamiento del Estado mexicano y desaparecieron más de mil trescientas empresas que habían venido siendo, por cierto muy mal administradas, por el gobierno mexicano.

Luego vino el estallido de la insurgencia armada del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994 y, después, en 1999 la insurgencia obrera que convocó el Sindicato Mexicano de Electricistas, fundando el Frente Nacional de Resistencia Contra la Privatización de la Industria Eléctrica. Se inauguró así en nuestro país la época de las luchas de resistencia. Ahora, afirmamos, que estamos pasando de la resistencia a la ofensiva.

El lugar que ocupan hoy las luchas del pueblo mexicano por todo el territorio nacional, revelan el profundo descontento e insatisfacción que anida en los sentimientos del pueblo, que no ha visto soluciones ni las verá con el actual gobierno, llamado del cambio.

Antes, en pleno auge de la aplicación de los postulados de la llamada Revolución Mexicana, estando al frente de la Presidencia de la República el General Lázaro Cárdenas, hubo una perspectiva de bienestar para los trabajadores y los campesinos; para los hijos del pueblo que deseaban ir a la escuela y estudiar. Y no solo eso, sino también la política de garantizar la independencia y la soberanía de la Nación mexicana, expropiando el petróleo un día como hoy de 1938, hace 68 años; época en la que también se aplicó una política contra los terratenientes y los latifundistas, imponiendo espectaculares e históricos acontecimientos que sellaron esta vocación revolucionaria.

La obra del General Cárdenas en la Presidencia de la República, se hizo gracias a las luchas del pueblo mexicano, de la clase obrera y de los campesinos que mantuvieron una política independiente y anti-imperialista frente al Gobierno de la República y que, el valor histórico que tuvo esta conducta, no fue una obra que favoreció directamente al gobierno de aquel tiempo, sino que sus resultados fueron a dar a manos del pueblo y se transformaron en herramientas del progreso y el desarrollo, que permitieron al pueblo llegar a una nueva etapa de la vida social. Todavía quedan vivos en el recuerdo las gestas de los hijos del pueblo pobre, que llegaron a las antiguas haciendas de los antiguos explotadores de sus padres, para vivir y estudiar en aquellos lugares donde era imposible entrar sino era a costa de humillaciones y violaciones a los derechos de los peones acasillados.

Las haciendas se convirtieron en escuelas y los nichos dedicados al culto religioso de los hacendados fueron utilizados también como dormitorios, bibliotecas y aulas para la enseñanza normal.

Fueron los maestros salidos de aquellas aulas los que llevaron el mensaje de la redención del pueblo mexicano, porque eran los depositarios de la herencia de la lucha del pueblo mexicano, desarrollada en 1910, que arrojó a la contienda a las masas del pueblo contra sus opresores, donde se estima que murieron más de un millón de mexicanos.

La Revolución Mexicana murió y aquella burguesía como clase social en la dirección del Estado desapareció. Sin embargo, los fines y los objetivos de las luchas del pueblo, que bañaron con su sangre la tierra y que imprimieron su sello en el espíritu y la letra de la Constitución promulgada en Querétaro en 1917, no han perdido su vigencia porque la burguesía que tomó el poder la haya traicionado.

Lo nuevo hoy es que no hay más clase social que la clase obrera, que es la llamada a ocupar el lugar prácticamente abandonado por la burguesía mexicana en la dirección del Estado -al que han colocado en proceso de extinción- integrar un nuevo gobierno y tomar las riendas del destino de nuestro país, pero sin las ideas ni los personeros de esa burguesía representativa de un régimen caduco.

La burguesía mexicana ya no tiene derecho de estar al frente de la Nación mexicana porque prácticamente desapareció de la escena y el imperialismo ha tomado su lugar en la dirección de todos los asuntos de nuestra vida doméstica, violando nuestra soberanía, nuestra independencia y hundiéndonos en una profunda crisis económica y social sin precedente.

LA POLÍTICA DE DOMINACIÓN IMPERIALISTA SE MIDE POR SUS RESULTADOS.

México es una zona de desastre económico y social, provocado por el huracán del neoliberalismo.

A doce años de la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, los resultados de esta política saltan a la vista:

Destrucción de la agricultura nacional y de la producción en el campo.

Aniquilación total de la industria y del desarrollo en manos del capital nacional.

Entrega a en manos del imperialismo y de los monopolios internacionales de las finanzas, de la llamada Banca Nacional.

Una deuda externa e interna que tienen ahogado el desarrollo, bloqueado el crecimiento y anuladas las esperanzas de trabajo, educación, cultura, educación, salud y vida del pueblo mexicano.

Así pues, las ofertas halagadoras y seductoras de los pregoneros del neoliberalismo para entrar al llamado primer mundo gracias a la firma del Tratado de Libre Comercio, se han esfumado. Pero no sólo eso, sino que los mismos autores intelectuales del neoliberalismo y su política genocida, inspirados en el racismo, como apologistas del régimen nazi de Adolfo Hitler, no respetan ningún orden legal, ni propio ni ajeno. La feroz dictadura de Bush contra su propio pueblo lo demuestra.

A más de cinco años del atentado terrorista contra las torres gemelas en Nueva York, el sospechoso de urdir el ataque, Osama Bin Laden, no ha sido detenido ni se sabe donde está. Y por esto se estableció en Estados Unidos la “Ley Patriot”, que faculta al Presidente a desatar una persecución contra sus mismos ciudadanos, violando la Constitución de su país.

En México, igual se desarrolla una feroz ofensiva contra los derechos políticos y sociales de los trabajadores y en contra de las bases jurídicas y políticas de la Constitución General de la República que atañen e interesan a los trabajadores y a la Nación mexicana.

El resultado de la aplicación de esta política arroja un panorama muy claro: no hay política agraria, no hay política industrial, no hay política educativa, no hay política social. En suma, no existe ningún programa que se oriente a resolver los problemas fundamentales del pueblo, ni los presentes y futuros desafíos del desarrollo, la independencia y soberanía de México; mientras que, en verdaderos actos de audacia, los candidatos que hoy andan en campaña por la Presidencia de la República nos ofrecen más de lo mismo: unos pregonan la alianza para todos, otros declaman su pasión por México y otros luchan por el bienestar de todos, pero ninguno de ellos habla de los problemas relacionados con las causas que hoy provocan el sufrimiento y la explotación del pueblo mexicano.

Por eso luchamos por la unidad en la acción con todas las fuerzas sindicales, sociales y políticas, sin exclusiones, que libran resistencia y pasan a la ofensiva, sin tener que fincar esperanzas en los resultados del proceso electoral.

Sin embargo, no creemos que con poner a salvo un solo aspecto de la vida independiente del país, dejando intacta la actual estructura de dominación y de dependencia respecto del imperialismo se pueda, al final de cuentas, ni siquiera mantener a salvo lo que actualmente defendemos.

Nosotros queremos la unidad de acción, porque queremos la unidad de todo el movimiento de masas contra el capitalismo; pero para transformar definitivamente la sociedad necesitamos un nuevo orden social y no simples cambios no esenciales en la sociedad existente.

Nosotros combatimos el modelo actual capitalista, desarrollando acciones unitarias de masas en todo el país, en cada uno de los estados de la república, en sus regiones y a escala internacional solidarizándonos con los pueblos en su combate por la independencia nacional, la soberanía y el socialismo.

Este 2º Congreso Nacional ratifica en todas sus partes nuestra adhesión a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y nuestra participación en “La Otra Campaña”.

En el Diálogo Nacional defendemos los principios de la lucha de masas, que se orientan por la defensa de los derechos inalienables e imprescriptibles del pueblo y la Nación mexicana.

Por eso hemos cerrado filas en “La Otra Campaña” junto al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, con todos los firmantes y adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.
Este es un camino sin regreso, que habrá de llevar a nuestro pueblo hasta la victoria, en el que ya tenemos los primeros frutos.

A nuestros compañeros y aliados les reiteramos nuestra profunda amistad y compromiso de contribuir con métodos unitarios a continuar con los compromisos que hemos adquirido en los diferentes frentes políticos de la lucha de masas.

Defendemos los derechos del pueblo mexicano en lucha permanente por su liberación e independencia en cualquier circunstancia y en cualquier lugar que sea necesario, y estaremos listos para continuar luchando frente al candidato presidencial que gane la elección, independientemente del Partido que represente.

Porque sabemos que no hay otro camino que la estrategia de reconocer que la defensa de los trabajadores y del pueblo será obra de los mismos trabajadores.


EL PROCESO ELECTORAL FEDERAL DEL 2006.

El proceso electoral que hoy se desarrolla en el país para elegir otro Presidente de la República, otros Senadores y Diputados al Congreso de la Unión, no pasaría de ser un simple ejercicio del poder que no debiera perturbar ni alterar la lucha de masas de nuestro país.

Sin embargo, no cerramos los ojos frente a este acontecimiento porque los procesos electorales, con el gobierno que tenemos al frente de este proceso y con los partidos políticos registrados en campaña, son una herramienta para confundir y para dividir al movimiento de masas, a los sindicatos y al pueblo. Porque hoy el capitalismo en México no tiene nada nuevo que ofrecer, se encuentran prácticamente en un callejón sin salida.

En el pasado las campañas electorales servían, de alguna manera, para difundir las ideas del socialismo y para organizar el pueblo. Cuando menos este frente de la lucha política en las elecciones podía ser aprovechado de manera honrada por las organizaciones que estaban interesadas en aprovecharlas como una forma de la lucha de clases, en la que por cierto obtuvimos históricos triunfos.

No añoramos ese pasado, lo que pasa es que la situación del país ha cambiado en la que solo aparecen los slogans y las imágenes de los candidatos, totalmente desprovistos de contenido y ajenos totalmente a los intereses populares. Hoy los procesos electorales, con la actual estructura electoral personificada en el Instituto Federal Electoral son todo lo contrario. Es decir, estos procesos y campañas están diseñadas para garantizar la elección exclusiva de puros candidatos neoliberales, porque por anticipado ya lograron presentar en la contienda como partidos registrados únicamente y de manera exclusiva a los partidos representativos del régimen capitalista. Este modelo ni siquiera tiene el valor de haber sido ideado por los actuales gobernantes sino que es una estrategia del imperialismo norteamericano para, por este medio, imponer la llamada alternancia sin modificar el proyecto de dominación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

Esta política electoral se ha establecido para abrirle paso a la alternancia de diversas fuerzas políticas en la dirección del gobierno respetando las reglas del juego, es decir, el robo de riqueza y capital vía deuda externa, FOBAPROA, así como otras formas de dominación, saqueo de la mano de obra, de los recursos naturales de nuestro país, dañando el medio ambiente, contaminando el agua y el aire, y reduciendo las expectativas de vida y de salud de los mexicanos.

De esta manera, qué valor tiene elegir a nuevos representantes del poder público en las diferentes esferas del Estado mexicano si en la práctica termina siendo una reelección para consolidar el sistema, un simple cambio de personas. En términos ideológicos y políticos, participa una sola clase social en la contienda.

LA VIDA DEL PARTIDO.

Desde la fundación de nuestro Partido venimos desarrollando la tarea de alcanzar un Partido bien estructurado. Un Partido de dirigentes del pueblo, ligados de manera permanente a lo más profundo de las preocupaciones, los anhelos y las luchas de los que nunca han tenido nada. Este pueblo ya no cabe en este sistema ni puede encontrar ni buscar su acomodo en él. El único sistema en el que podrá vivir plenamente es en el régimen socialista, que es el único posible en que puede desarrollar su existencia y mejorar sus condiciones materiales y espirituales de vida.

El Partido de los Comunistas es una trinchera y un arma para el combate ideológico y político para la lucha de masas. Es decir, luchamos porque la clase obrera y el pueblo eleven su conciencia al nivel de una verdadera lucha política, ejecutando una política de clase, defendiendo sus derechos, actuando como un partido político contra la burguesía y el imperialismo. En ese momento histórico la clase obrera tomará, con sus aliados, la dirección del Estado, encarnará por sí misma la existencia del Partido de la clase obrera y asumirá la conducción de los asuntos de la vida pública en todos los órdenes de la vida social. Esto es el presente y el futuro que hoy representamos.

La unidad del Partido es indispensable para tomar el poder. Esta concepción política de la unidad por la cual luchamos es el reconocimiento de que sin la lucha conciente de la clase obrera y sin el Partido de la clase obrera es imposible realizar la revolución y construir el socialismo. Hoy existen las condiciones para la toma del poder y la perspectiva de una lucha de masas, que es el único camino que hoy tiene el pueblo mexicano para alcanzar su libertad, lograr la independencia de la Nación mexicana y su plena soberanía.

En este proceso en que estamos involucrados somos aliados de todos los golpeados por el neoliberalismo como fase superior y última del imperialismo. Es decir, no vamos a la cola de la burguesía sino que estamos afianzando nuestra identidad ideológica y política en la lucha de masas, ratificando nuestra adhesión a todas las luchas que se han emprendido a lo largo y ancho de la República Mexicana, que agitan a diferentes sectores de la población trabajadora. Ratificamos así nuestra decisión inquebrantable de ir en defensa de la industria eléctrica nacionalizada, del petróleo y de los energéticos, incluyendo el uso pacífico de la energía nuclear; contra la política neoliberal de aplicar impuestos a los alimentos y a las medicinas, contra los intentos de anular la Ley Federal del Trabajo, de aniquilar al Instituto Mexicano del Seguro Social y al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, que no es más que el intento criminal de aniquilar los derechos inalienables del pueblo, como el derecho a la vida, el más sagrado de los principios que pudieran ser reconocidos en México.

Mantenemos nuestra alianza con el Sindicato Mexicano de Electricistas en la defensa de los intereses y los derechos de la clase obrera así como los de la Nación mexicana, en coincidencia con los objetivos que nuestro Partido tiene establecidos para una eficaz política de alianzas. Esta política de alianzas está subordinada a principios muy elementales pero que no pueden transgredirse, so pena de ser derrotados, como son la independencia del movimiento de masas respecto del gobierno y los partidos políticos.

Este II Congreso Nacional del Partido de los Comunistas declara su inquebrantable decisión de luchar hasta el fin, inspirado en el marxismo-leninismo, única teoría revolucionaria válida de nuestro tiempo, sellando nuestro compromiso junto con Lenin quien afirmó que “…no se trata tanto del número de miembros de una organización, como del sentido real, objetivo, de su política: de si esta política representa a las masas, sirve a las masas, es decir, sirve para liberarlas del capitalismo o representa los intereses de una minoría, su conciliación con el capitalismo”.

Por esto es imposible que nos equivoquemos, porque nos importa mucho ligarnos a “…la masa inferior –como decía Engels- la verdadera mayoría”, porque no está contaminada de “respetabilidad burguesa”, “ese es el quid de la táctica marxista” concluía Lenin.

Para llegar a este objetivo estamos en la creación de los Comités de Defensa Proletaria, no como organismos del Partido, sino como organismos de base, de los de abajo, de los que están más abajo, de los excluidos y de los explotados por este régimen para que se agrupen en sus centros de trabajos, en el barrio o la colonia, en los ejidos y las fábricas, en la escuela y en todas partes donde vive el pueblo trabajador, para que se agrupe para luchar contra la política del gobierno; no para realizar meras acciones de trámite y gestoría de los asuntos y problemas de la vida cotidiana, totalmente desprovistos de la necesidad primordial de integrar una fuerza en la base del pueblo que forme la estructura nueva del Estado mexicano arrancando desde la base; de allí de donde deben surgir y estar siempre cimentadas todas las luchas para mantener una viva lucha revolucionaria de masas, hoy y siempre, aún viviendo en el régimen socialista.

Compañeras y compañeros delegados:

Saludamos con emoción revolucionaria a nuestros camaradas de los Partidos Comunistas que hoy nos acompañan y nos honran con su asistencia; a los que representan heroicas victorias en el combate contra el imperialismo; recogemos con reconocimiento los mensajes de aliento y solidaridad que hemos recibido de fraternales Partidos Comunistas del mundo que no han podido asistir a este evento.

Hemos cumplido nuestro compromiso de luchar contra la llegada a la Presidencia de la República de un Presidente neo-liberal más, y eso es lo que estamos haciendo.

En el escaso tiempo transcurrido desde que nacimos han sucedido acontecimientos que han demostrado la validez de nuestra política.

El pueblo mexicano derrotó a Fox y al imperialismo defendiendo a Cuba contra el rompimiento de relaciones diplomáticas. Así mismo, quedó exhibido cuando –por defender a Bush- se enfrentó al gobierno y al pueblo de la República Bolivariana de Venezuela, al gobierno de Argentina, a su Presidente Kichner, al futbolista Maradona y a todos los pueblos latinoamericanos.

La lucha de masas de nuestro país ha demostrado que cuando la clase obrera se decide y se pone a la vanguardia en la defensa de los intereses del pueblo, triunfo y derrota a nuestros adversarios.

Ese es el camino a la victoria.

Ese es el camino a nuestra plena independencia y soberanía nacional.

Ese es el camino al socialismo.

¡VIVA EL II CONGRESO NACIONAL DEL PARTIDO DE LOS COMUNISTAS!

¡VIVA EL PARTIDO DE LOS COMUNISTAS!

¡VIVA MEXICO!

¡VIVA MEXICO!

¡VIVA MEXICO!

LA LINEA POLITICA DEL PARTIDO DE LOS COMUNISTAS *

LA LINEA POLITICA DEL PARTIDO DE LOS COMUNISTAS *

La línea política del Partido de los Comunistas precisa cuales son los objetivos que ésta organización pretende alcanzar, quiénes son sus adversarios y quiénes sus aliados potenciales; cuál es el escenario en que se desarrolla su organización y su lucha; y cuáles los medios que debe utilizar en ese empeño.

Como lo señalan sus documentos fundacionales, el objetivo fundamental de nuestro partido es construir el socialismo para lograr aquellas metas que la nación mexicana se propuso alcanzar al emprender el camino de su liberación: independencia y soberanía; disfrute exclusivo de su territorio y recursos naturales; desarrollo económico independiente; mejoramiento constante de las condiciones de vida del pueblo; moderar la opulencia y la indigencia, como fórmula que exprese el anhelo de una justa distribución de la riqueza; abolir las ataduras internas y externas que impiden al hombre el libre ejercicio de sus derechos fundamentales y el disfrute pleno de los bienes de la civilización y de la cultura; y establecer lazos fraternos y solidarios con todos los pueblos del mundo, especialmente con aquellos que luchan por su liberación nacional y por el socialismo.

Estas demandas seculares siguen vigentes a pesar de que aparezcan ahora más lejanas y difíciles de lograr a causa de la globalización neoliberal.

Después del breve periodo de libertad y progreso que abrió la revolución iniciada en 1910, la nación mexicana ha vuelto a ser colonizada. Su metrópoli ya no es España, sino los Estados Unidos de América. El imperialismo, valiéndose principalmente del Tratado de Libre Comercio, ha cancelado nuestra Independencia económica y política; abolido nuestra soberanía; desmantelado nuestro sistema constitucional y colocado al Estado en período de extinción. Ha dispuesto de nuestro territorio y de nuestros recursos naturales y se ha apropiado, mediante las privatizaciones, de casi todas las empresas del sector público y pretende además, apoderarse también de la electricidad y de nuestro petróleo, desintegrando de paso al Seguro Social.

A causa de la deuda externa, México ha sido convertido en un país tributario de los Estados Unidos por lo que, carece de recursos para impulsar su desarrollo y para sacar de la marginación y de la miseria a más de 60 millones de mexicanos.

Conocemos bien quienes son nuestros enemigos lo mismo que nuestros aliados. Sabemos de aquellos sectores de la población que pueden ser atraídos hacia nuestras posiciones políticas y programáticas. El peor error que puede cometer una organización de lucha como la nuestra es confundir al enemigo con los aliados y a los aliados con el enemigo o permitir que aquellos sectores sociales que pueden ser reserva de la lucha revolucionaria del proletariado, se conviertan en reserva de la clase explotadora.

El enemigo fundamental de nuestro pueblo y de nuestro partido es el imperialismo Yanqui, que impone su presencia en nuestro país por medio de acuerdos y tratados internacionales o de la simple aplicación extraterritorial de sus disposiciones legales, políticas y administrativas. El imperialismo Yanqui se hace presente también, por conducto de los monopolios transnacionales y del sistema financiero internacional que encabezan el FMI y el Banco Mundial. Son importantes dentro del campo del enemigo, los agentes y personeros del imperialismo que actúan en México, dentro de la estructura del Estado Mexicano, o a través de los medios de comunicación y de diversas instituciones civiles, económicas, políticas o eclesiásticas.

La clase obrera por su parte, es la principal opositora al imperialismo, la portadora de las contradicciones fundamentales frente a esa oligarquía monopolista, transnacional y especuladora que tiene como país sede a los Estados Unidos.

La clase obrera es el sujeto principal de los cambios revolucionarios en este país, a pesar de sus contradicciones internas, no solo por que la teoría revolucionaria le asigne esa misión histórica, sino también, por que es la productora principal de los bienes y servicios que consumimos los mexicanos y, fundamentalmente, por su papel protagónico en las luchas más importantes que se hayan producido en el país en los últimos 100 años: Precursora de la revolución mexicana con las huelgas de Bellavista, Río Blanco y Cananea. Promotora de los principios más avanzados inscritos en nuestra Constitución. Impulsora de la expropiación petrolera, que significó la independencia de México desde el punto de vista económico.

Impulsora de la nacionalización de la industria eléctrica, de los ferrocarriles y de otras empresas estratégicas. Impulsora de la reforma agraria, del seguro social, de la educación popular, del muralismo, del arte revolucionario, de la lucha antifascista, de la paz y de las relaciones dignas y amistosas con todos los pueblos del mundo. No podemos ignorar sin embargo que ha habido momentos en que la clase obrera ha sido sometida por el corporativismo y seducida por la ideología burguesa.

Pero hoy mismo, la clase obrera aparece no solo con sus grandes reivindicaciones económicas y políticas de las cuales nunca ha abdicado, sino también para sostener una batalla que es la más importante de nuestro tiempo: la defensa del patrimonio material, cultural y político de la nación mexicana; el rechazo enérgico a la privatización de la industria eléctrica, el petróleo y el Seguro Social. Con ello, acredita una vez más que los intereses de la nación y los de la clase obrera son los mismos intereses.

Gracias a las movilizaciones victoriosas de los sindicatos y otras organizaciones sociales que encabeza el Sindicato Mexicano de Electricistas, en forma de marchas, caravanas nacionales, foros y concentraciones, México conserva aún el petróleo, la electricidad y el Seguro Social, al tiempo que ha impedido la aplicación del IVA en alimentos y medicinas, la aprobación de las reformas estructurales, incluyendo, la reforma laboral e impidió, también, el desafuero de Andrés Manuel López Obrador.

La clase obrera que no se está enfrentando a un patrón determinado sino a la política toda del imperialismo y de la burguesía, esta actuando como un gran partido proletario que ha tomado la vanguardia del proceso revolucionario del país.

¿Es entonces la clase obrera el aliado fundamental de nuestro partido en la lucha por alcanzar sus objetivos? No, por la sencilla razón de que nuestro partido forma parte de la clase obrera y establece con ella las relaciones de que hablan Carlos Marx y Federico Engels en el “Manifiesto Comunista”, “...Los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros. No tienen intereses que los separen del conjunto del proletariado. No proclaman principios especiales a los que quisieran amoldar el movimiento proletario. Los comunistas solo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y por otra parte, en que, en las diferentes fases de desarrollo porque pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses en su conjunto. Prácticamente, los comunistas son, pues, el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a los demás; teóricamente tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario. El objetivo inmediato de los comunistas es el mismo que el de todos los demás partidos proletarios:
Constitución de los proletarios en clase, derrocamiento de la dominación burguesa, conquista del poder político por el proletariado...”

ANTECEDENTES HISTORICOS.

Durante la larga dictadura de Porfirio Díaz surgieron y se desarrollaron diversas contradicciones de carácter económico y social que a la postre provocaron el movimiento revolucionario iniciado en 1910.

La contradicción fundamental era la que se daba entre el desarrollo demográfico y el estancamiento de las fuerzas productivas. Destacan por su importancia también, la contradicción entre la gran masa rural, peones y aparceros, que vivían en situación próxima a la esclavitud y los grandes terratenientes que acaparaban la mayor parte del territorio nacional, y la contradicción entre los obreros con salarios miserables, jornadas de trabajo inhumanas y las fábricas y los talleres de las industrias extractivas y de transformación que, en buena parte, eran propiedad también de los grandes hacendados.

Hubo otras contradicciones que enfrentaron a los terratenientes con los pequeños burgueses del campo y de la ciudad, en especial con los industriales que no podían ampliar su producción por falta de compradores y la que se daba entre los intereses de la naciente burguesía nacional propietaria de algunas industrias y los grandes capitales extranjeros invertidos en el país. Los obreros, los campesinos y la pequeña burguesía como partes de la nación mexicana, compartían la contradicción entre los interésese de ésta y los monopolios extranjeros. Compartían también la contradicción entre las fuerzas democráticas y el gobierno dictatorial que había suprimido las libertades del pueblo, que desconocía los derechos de la clase trabajadora, que prohibía la existencia de partidos políticos independientes, que hacia imposible la libertad de imprenta y que empleaba métodos represivos y violentos para acallar las voces de protesta contra el régimen.

A causa de diversos factores históricos, la Revolución Mexicana no fue dirigida por la clase obrera, sino por la pequeña burguesía urbana y rural que le imprimió su carácter democrático y burgués, aunque también, nacionalista y antifeudal. Los obreros y los campesinos por su parte, aportaron su lucha y su sangre, lo mismo que las tesis programáticas que le dieron a ese movimiento un profundo contenido social.

Después del triunfo de la Revolución y la promulgación de la Constitución de 1917, la burguesía nacional surgió como una nueva clase social y se fue consolidando como clase dominante. Pero esta clase social estuvo dividida en dos grandes sectores: la que estaba interesada en impulsar el desarrollo independiente del país y la que estaba ligada a los intereses de los monopolios extranjeros.

En su momento la clase obrera, representada por aquellas organizaciones sociales y políticas que estuvieron dirigidas por marxistas, diseñó una línea estratégica y táctica de alianzas con la burguesía nacionalista en el empeño de salvaguardar la independencia económica del país respecto del imperialismo, asegurar el impulso de las fuerzas productivas e impulsar la elevación de las condiciones de vida del pueblo.

La clase obrera, sabedora de que la clase social que había venido gobernando a nuestro país estaba llena de dudas, temores y contradicciones, que no se le podía considerar ni como una fuerza antiimperialista firme, ni como definitiva o totalmente entregada al imperialismo, adoptó una estrategia que consistía en luchar por encausar a la burguesía por el camino de la defensa de los intereses nacionales.

En la sexta década del siglo pasado el panorama de las clases sociales era el siguiente: por un lado se hallaban los monopolios norteamericanos, la burguesía industrial ligada a ellos, parte de las empresas comerciales, la mayoría de la burguesía bancaria y los agentes mexicanos de esas empresas. Estaban también los productores agrícolas y ganaderos que se habían apoderado de grandes extensiones de tierra dentro de los distritos de riego, que estaban dedicados a la exportación de productos agropecuarios. Por otro lado, estaban los industriales nacionalistas, cierto sector del comercio, ejidatarios y pequeños propietarios que abastecían el mercado nacional con sus productos agropecuarios, fundamentalmente estaba la clase trabajadora del campo y de la ciudad. Cada uno de estos sectores tenía sus aliados dentro y fuera del gobierno y de los diversos órganos del Estado.

En base a ese esquema resultaba importante, por su puesto, la alianza con los productores del campo y de la ciudad, con los sectores democráticos y progresistas de la nación, pero la alianza con la burguesía nacional era indispensable, porque ésta tenía en sus manos el aparato del Estado y administraba las empresas públicas que como Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, estaban concebidas para impedir la penetración de los monopolios extranjeros en nuestro país, que pudieran asumir el control de las áreas estratégicas de nuestra economía.

Esta línea estratégica, válida para un país atrasado y dependiente, fue motivada además, por la idea de que el socialismo era apenas un objetivo histórico de la clase obrera, que aspiraba por el momento, sólo a un gobierno nacionalista y democrático que multiplicara las fuerzas productivas, que no permitiera el control de las fuentes principales de producción y de servicios por el capital extranjero; que viera en la producción económica un medio para elevar constantemente el nivel de vida de la clase trabajadora y de las masas populares; y que ampliara las libertades sindicales y democráticas.

LA SITUACIÓN ACTUAL.

Los cambios regresivos operados en éste país devastado por el neoliberalismo, han modificado el panorama de las clases sociales, profundizado la desigualdad y la injusta distribución de la riqueza. El Banco Mundial reconoció desde los años de gobierno de Zedillo que el 20% de la población más enriquecida recibía el 56% del ingreso nacional, mientras que al 20% de la población más empobrecida, correspondía apenas un poco más del 3% de ese mismo ingreso. El Gobierno actual reconoce que la mayor parte de la población sufre diversos grados de pobreza hasta llegar a la indigencia y a la marginación. La CNN, la poderosa cadena televisiva norteamericana, afirma que mientras la mayor parte de la población mexicana vive con menos de un dólar al día, hay en México unos 85 mil millonarios (menos del 0.1% de la población), de los cuales once figuran en las listas de los hombres más ricos del mundo que publica la revista Forbes. Tal es el caso de Carlos Slim que ocupa el cuarto lugar. Se nos quiere vender la idea de que esa enorme riqueza es producto del talento, de la audacia y, aun, del sacrificio del empresario mexicano, pero la explicación es más sencilla: Slim se apropió, con la complicidad de Salinas, de una parte importante del patrimonio de la nación mexicana, Teléfonos de México. En nuestro país como en Rusia la subasta de las empresas del pueblo produjo una serie de magnates y de mafiosos que manejan fabulosas fortunas.

Si quisiéramos describir el panorama actual de las clases sociales en México, tendríamos que advertir en primer lugar la presencia de las grandes empresas trasnacionales que operan en nuestro país, lo mismo en la industria que en el comercio, la banca y los servicios. Tendríamos que señalar además a los administradores de la industria maquiladora propiedad de monopolios extranjeros y algunas empresas modernas de carácter agrícola dedicadas exclusivamente a la exportación, propiedad también, de monopolios extranjeros, que han desplazado y arruinado a los antiguos ejidatarios y pequeños propietarios mexicanos. Están también una serie de empresarios mexicanos fuertemente vinculados a los monopolios internacionales. Junto a ellos, un ejército enorme de parásitos que sirven al imperialismo y a los monopolios internacionales desde el poder público, la televisión, la radio, la prensa, organizaciones religiosas y partidos políticos registrados. Existen por otra parte, medianos, pequeños y minúsculos empresarios mexicanos que operan en la industria, la agricultura y los servicios y que mantienen cierta independencia respecto de los grandes monopolios internacionales.

Frente a este conjunto de explotadores existen en México unos 17 millones de trabajadores incorporados a la economía formal y 10 millones de trabajadores que actúan dentro de la economía informal. El resto de la población en edad de trabajar está en franca desocupación. De tal manera que resulta certera la afirmación que hace algunos años hiciera en la Tribuna de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión la comandante Esther del EZLN, en el sentido de que este país está integrado por los que se enriquecen, los que trabajan y los que piden limosna.
De este panorama destaca un hecho importante: La declinación de la burguesía nacional como clase gobernante, quien cediendo a las presiones del imperialismo traicionó la causa nacionalista y renunció a sus privilegios económicos y a sus posiciones políticas. Esta burguesía nacional se deshizo de las empresas privadas de su propiedad y subastó las empresas del sector público que administraba, en beneficio de los monopolios internacionales y del imperialismo. Desde el punto de vista político dio un golpe al Estado mexicano, que puso en periodo de extinción y desmanteló nuestro sistema constitucional. La soberanía nacional fue puesta en manos del sistema financiero internacional, de los grandes monopolios imperialistas y del gobierno norteamericano.

Desaparecida la burguesía nacional, la antigua línea estratégica y táctica de la clase obrera, valiosa por muchos conceptos, ha quedado en la práctica sin materia, porque fue específicamente concebida para atraer a la burguesía nacional y comprometerla en la lucha por la Independencia, la democracia y el progreso social.

A cambio, el neoliberalismo ha multiplicado los aliados potenciales de la clase obrera porque prácticamente todos los sectores de la población han resentido los daños y los impactos negativos del nuevo orden económico y social impuesto por la globalización neoliberal, que no es otra cosa que el viejo capitalismo pero más salvaje, depredador y genocida que nunca. Son aliados potenciales de la clase obrera los trabajadores manuales e intelectuales del campo y la ciudad; los ejidatarios y campesinos arruinados por el TLC; los indígenas y los sectores marginados de la población; los intelectuales progresistas, los maestros y estudiantes de ideas avanzadas; y los medianos y pequeños empresarios enfrentados a los monopolios extranjeros.

Otro cambio importante que sufre la antigua línea estratégica y táctica de la clase obrera se localiza en el orden de las prioridades de los objetivos que aquella se plantea. En el pasado lo inmediato era la lucha por alcanzar la plena independencia nacional, por asegurar el desarrollo económico sin ingerencias indebidas del capital extranjero, por mejorar constantemente los niveles de vida del pueblo, por ampliar el sistema democrático y por establecer relaciones fraternales con todos los pueblos del mundo. Era en torno a estos objetivos inmediatos y concretos que la clase obrera buscaba la alianza con las llamadas fuerzas democráticas, progresistas y patrióticas del país. El socialismo era planteado como un objetivo histórico, al que había que acceder después de transitar por un periodo más o menos largo de luchas en defensa de la nación y del pueblo.

Hoy, de acuerdo con las tesis programáticas aprobadas por el primer congreso de nuestro partido, ninguno de esos objetivos podría alcanzarse sino se instaura en nuestro país el régimen socialista, como la única alternativa válida frente al capitalismo, donde la clase obrera y sus aliados tomen el poder, y desde el poder impulsen la verdadera independencia nacional, la democracia y el progreso social, valiéndose de un Estado proletario y de una Constitución avanzada.

Nuestro partido y la clase obrera necesitan la amistad y la alianza de todos aquellos sectores sociales interesados en reconquistar nuestra independencia nacional, en destruir todas las ataduras económicas y políticas que nos subordinan al imperialismo, en abolir la marginación y la miseria; porque se respeten los derechos fundamentales de los trabajadores y del pueblo, pero esencialmente necesitamos la alianza de los elementos de vanguardia de cada uno de estos sectores de la población para la toma del poder.

Por conducto de la Dirección Colectiva del Comité Central hemos reconocido que la primera gran manifestación antineoliberal de nuestro tiempo la protagonizaron los indígenas de Chiapas, agrupados en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Esta rebelión armada estalló en 1994, precisamente el día en que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio. Hemos reconocido también la colosal lucha de los estudiantes de la UNAM coordinados por el Consejo General de Huelga que impidió la privatización de la educación superior en México, asestando con su acción política de masas un duro revés a las fuerzas conservadoras proimperialistas del país. Los campesinos de San Salvador Atenco protagonizaron, por su parte, una lucha que además de victoriosa, impidió, con su fuerza y decisión inquebrantable, la desaparición de su poblado, de su ejido y la privatización de las tierras que son propiedad de la nación, cerrando el paso a la enajenación a favor del extranjero del territorio nacional.

El ascenso de la lucha de masas se ha venido manifestando en la conformación de la Promotora por la Unidad Nacional contra el Neoliberalismo a la par que empezó a gestarse un movimiento amplio y poderoso de sindicatos y de organizaciones campesinas y populares que irrumpió en solidaridad con el Sindicato de Trabajadores del Seguro Social en su emplazamiento de huelga; que organizó las ocho caravanas que partieron de distintos puntos del país para converger en la Ciudad de México en la histórica mega marcha del 19 de noviembre del 2003, que alcanzó una victoria política de la clase obrera en contra de las pretensiones del gobierno de la República de imponer privatizaciones y modificaciones constitucionales para dar paso a la inversión de los monopolios imperialistas en el petróleo, el gas y la electricidad al tiempo que promovía su bastardo proyecto de reforma fiscal para establecer impuestos a los alimentos y a las medicinas. La revista de nuestro partido Unidad Comunista caracterizó así esa jornada: “significó un cambio cualitativo en el escenario de la política nacional. A partir de esta enorme manifestación la clase obrera se ha colocado a la vanguardia del proceso revolucionario del país”.

Como resultado de estas luchas fue creado el Frente Sindical Campesino Indígena Social y Popular que ha vigorizado y desarrollado la táctica de movilizar revolucionariamente a las masas. A partir de entonces se han vuelto a organizar las caravanas de trabajadores y activistas que recorren el país, las mega marchas, los mítines y manifestaciones a lo largo de toda la República. Se ha tomado el Zócalo de la Ciudad de México y bloqueado al Congreso. Gracias a estas movilizaciones de masas se ha evitado que el imperialismo se apropie de la riqueza que aún conserva en sus manos la nación mexicana, el petróleo y la electricidad. Se ha evitado que desaparezca el Seguro Social a pesar de las reformas fascistas y regresivas que aprobó el Congreso en contra de los derechos de sus trabajadores, de su contrato colectivo de trabajo, del sistema de jubilaciones y pensiones y de los derechohabientes en su conjunto. Estas movilizaciones seguirán organizándose con mayor fuerza cada día para evitar toda posibilidad de que el imperialismo con la ayuda de los agentes que actúan en el gobierno mexicano, pueda alcanzar sus propósitos de aniquilar a la clase obrera y de anexarse a nuestro país.

Ha sido de una enorme importancia también la movilización que congregó en la Ciudad de México a más de un millón de trabajadores y de ciudadanos que se manifestaron en contra del desafuero del jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, porque esto hubiera significado un golpe de Estado en contra de los ciudadanos del Distrito Federal que se verían privados de un gobernante legítimamente electo y en contra de millones de ciudadanos del país a quienes se les impondría la exclusión arbitraria de un candidato a la Presidencia de la República. Este golpe de Estado hubiera sido de consecuencias impredecibles en la vida del país.

Por encima de todo, destaca la movilización de los trabajadores de la CTM, de la CROC, de la UNT y del Sindicato Mexicano de Electricistas, que por primera vez en muchos años marcharon juntos para combatir las pretensiones del gobierno de grabar las prestaciones laborales con el impuesto sobre la renta.

Resulta por demás significativo el anuncio del Sindicato del Seguro Social de levantar una lucha a fondo en contra de las reformas fascistas que se le hicieron a la Ley del Seguro Social que vulneraron las cláusulas del Contrato Colectivo de Trabajo en materia de jubilaciones y pensiones. Igualmente importante es la declaración del Sindicato Mexicano de Electricistas de luchar en contra de la legislación que ha hecho posible que se otorguen permisos a particulares para producir y vender electricidad. Aquí ya no se está en el campo de la lucha sindical propiamente dicha sino que se produce ante nuestros ojos un cambio de calidad que convierte a la lucha social en lucha política.

Nuestro partido mantiene la decisión de continuar estrechamente ligado a este movimiento de masas, aliado fundamentalmente con el Sindicato Mexicano de Electricistas y las demás organizaciones sociales que integran el Frente Sindical, Campesino, Indígena y Popular.

Sin embargo nos interesa de una manera prioritaria la alianza con aquellos que promovieron en el Segundo Diálogo Nacional que se reunió en Querétaro, la declaración que contiene la propuesta de luchar por un nuevo congreso constituyente y una nueva Constitución “ a fin de recuperar la soberanía nacional, de procurar la defensa y ampliación de los derechos sociales y humanos, de garantizar el ejercicio de las libertades y las garantías individuales, así como imponer el cambio de régimen y la integración de una nueva institucionalidad democrática”.

Nos interesa también establecer una alianza sólida y duradera con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional que lucha por un programa de izquierda y también por una nueva Constitución.

Una nueva Constitución significa un cambio revolucionario en el país, un nuevo orden jurídico y político, un nuevo sistema de la vida social que no puede ser otro que el socialismo bajo la conducción de la clase obrera y sus aliados.

EL CAMINO DE LA REVOLUCIÓN.

Para el partido de los comunistas sigue siendo válido el principio de que en una sociedad de explotadores y explotados, la lucha de clases es el motor de la historia.

La experiencia de los últimos decenios ha acreditado la falsedad de aquellas afirmaciones de que con la globalización neoliberal todos los países y los individuos tendríamos acceso a la modernidad, a la tecnología y a los beneficios del desarrollo económico. El imperialismo presidido por una potencia hegemónica y unipolar ha acentuado dramáticamente las diferencias entre los países ricos y pobres. Estos últimos, a cambio de la supuesta prosperidad que nunca obtuvieron han perdido territorio, recursos naturales, independencia y soberanía. Al interior de cada uno de esos países se han vuelto abismales las diferencias entre un pequeño grupo de privilegiados y las masas empobrecidas y marginadas.

En México hay quienes dicen combatir al neoliberalismo pero comparten en realidad la patraña neoliberal de que ya no existen las clases sociales ni las contradicciones entre ellas. Que todos somos ciudadanos en busca de la democracia y consumidores en busca de mercancías baratas, abundantes y de buena calidad. Que por eso ya no tienen razón de ser los sindicatos que han sido los instrumentos tradicionales de la lucha económica de los trabajadores por mejores salarios, prestaciones y condiciones de trabajo. Mucho menos tienen razón de existir los partidos de la clase obrera que han sido las organizaciones que despliegan la lucha ideológica y política. La contienda electoral ha pasado a ser como en las películas de texanos, una disputa entre “el bueno”, “el malo” y “el feo”.

No niega nuestro partido el papel del individuo en la historia. Todavía a los mexicanos nos llena de emoción el recuerdo de los actos heroicos de Hidalgo, Juárez, Zapata, Villa y Lázaro Cárdenas. Sostiene, sin embargo, que los grandes cambios que México necesita sólo los pueden impulsar la clase obrera y sus aliados. Ésta es la única fuerza capaz de vencer la resistencia y la oposición del imperialismo y sus agentes; de lograr que nuestro país recupere la independencia nacional; que nuestro pueblo disfrute de la verdadera democracia y del progreso. Ningún hombre, por sabio y patriota que sea, puede por sí solo cancelar la deuda externa y el Tratado de Libre Comercio, que es la condición ineludible para que México pueda superar la dependencia y el atraso; deje de ser un país tributario del imperialismo, para que nuestra población pueda liberarse al fin del infierno de la marginación y de la miseria.

La política no es, como la quieren pintar los perversos y los ilusos, una relación entre ciudadanos, sino una relación entre clases sociales.

Ante el estrepitoso fracaso del capitalismo como sistema que pueda solucionar los reclamos del género humano de vivir en paz y con acceso pleno a los bienes de la civilización y de la cultura, el neoliberalismo ha respondido, como lo hizo antes el fascismo, con guerras, humillaciones y genocidio Por ello las fuerzas más avanzadas y positivas del planeta están levantando una consigna: “SÓLO EN EL SOCIALISMO OTRO MUNDO ES POSIBLE”.

Ante el fracaso del capitalismo en México que ha despojado a nuestro país de territorio, riquezas y soberanía, que ha condenado a la mayor parte de la población a vivir en barracas, cuevas y tumbas, y a morir de hambre, debe surgir un nuevo orden social, un sistema diferente de convivencia entre los mexicanos. Debe instaurarse en México el socialismo, bajo la conducción de una nueva clase social, la clase obrera que es más avanzada y progresista que la burguesía, no propone el cambio de un sistema de explotación por otro, sino que está determinada a abolir todo tipo de explotación. En el socialismo el poder y la riqueza serán para los trabajadores y quedará abolida para siempre la propiedad privada de los medios e instrumentos de la producción económica y la explotación del hombre por el hombre.

Desde que nuestro partido nació a la vida política del país expresó que no renunciaba a ninguna de las vías que conducen a la toma del poder.

Aun cuando no hemos intentado la lucha armada ni hacerlo está en nuestros planes inmediatos, nuestro partido tiene un gran respeto y reconocimiento por aquellos mexicanos que en un momento dado emprendieron ese camino y ofrendaron generosamente sus vidas por una patria mejor. Mantenemos relaciones fraternales con grupos y movimientos armados en el mundo y en nuestro país, pretendemos establecer una alianza con el EZLN.

Nuestro partido es muy joven, no tiene como tal, ninguna experiencia electoral, pero si la tienen la mayor parte de sus integrantes, desde la dirección hasta la base. Pudimos desplegar en el pasado, durante la época de elecciones, una importante lucha ideológica, al tiempo que mejorábamos y fortalecíamos la organización de nuestros respectivos partidos, en medio de la inequidad y el fraude electoral. Hasta logramos algunos triunfos memorables, sin disponer de prerrogativas legales, ni recursos financieros del gobierno, de los ricos y mucho menos del extranjero.

Desde entonces, es decir, desde que los partidos de izquierda empezaron a ganar posiciones en el Congreso Federal, en los congresos locales y en los ayuntamientos, el gobierno ha tratado de excluirlos de los procesos electorales. Hoy, como lo demandaban en su tiempo los partidos de izquierda, los procesos electorales son conducidos y vigilados por un organismo independiente del poder público, integrado por ciudadanos; se cuentan correctamente los votos; y hay un sistema de impugnaciones que evitan posibles irregularidades y atropellos. Sin embargo, el actual sistema electoral tiene el defecto de no permitir la participación de los partidos de la clase obrera, que fueron precisamente los que demandaron toda su vida las reformas fundamentales que hoy contempla la legislación de la materia. La clase dominante se ha valido de mil artimañas para excluir a aquellos partidos y ha cuidado escrupulosamente los procedimientos para asegurarse que solo obtengan registro, los partidos que de una manera u otra representan los intereses de la burguesía nacional e internacional.

De modo que es ahora, cuando la contienda electoral es entre partidos iguales y afines, que se aplican los famosos principios de certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad, que norman la conducta del IFE y de todos los organismos electorales. Hemos dicho que el día que la clase obrera cuente con una gran fuerza electoral registrada, las autoridades volverán a robarse las ánforas.

La historia de la exclusión de los partidos de izquierda de los procesos electorales es muy antigua. En Nayarit por ejemplo, después de la movilización histórica del pueblo en la campaña de 1975 que postuló como su candidato a gobernador al compañero Alejandro Gascón Mercado y que terminó con un escandaloso fraude electoral y ante la ruptura con el Partido Popular Socialista, que era quien tenía el registro nacional, el gobierno del usurpador Flores Curiel reformó la Constitución y la legislación local para desaparecer a los partido locales y establecer que solo los partidos nacionales con registro podrían participar en las elecciones internas de la entidad, violando la soberanía del Estado de Nayarit en materia electoral, todo ello por el temor de que nuestros compañeros se agruparan en un partido local y solicitaran su registro.

Otro defecto del Sistema Electoral Mexicano consiste en propiciar campañas publicitarias de un alto costo financiero, donde la ideología es sustituida por los slogans y por la gritería que inundan la radio y la televisión, y por anuncios espectaculares que cambian el paisaje de las ciudades y de los caminos. El derroche y la mercadotecnia hacen de las campañas electorales un asunto exclusivo de ricos y privilegiados. Además no queda espacio para el debate de las ideas ni para el examen de los programas, plataformas y ofertas electorales.

Pero el principal defecto del Sistema Electoral neoliberal, aparentemente democrático, es que está concebido para legitimar el triunfo de candidatos neoliberales y esa es la razón de que en la misma proporción que avanza la “democracia” avanza también la pobreza y la marginación de nuestro pueblo.

De cualquier manera no es nuestro partido el que decidió marginarse de los procesos electorales, simplemente ha sido excluido de ellos junto con todos los partidos que se reclaman revolucionarios y de izquierda. Podríamos eventualmente emprender una lucha para que se reconozcan, como comunistas, nuestros derechos ciudadanos y salir del desafuero a que hemos sido condenados desde hace mucho tiempo, pero por lo pronto no tenemos ninguna opción electoral. El gobierno, constitucionalmente hablando, está obligado a despejar para nosotros el camino de las elecciones. Es entonces y solo entonces cuando podríamos discutir hacia el interior de nuestra organización si participamos o no en dichas elecciones. Si esa discusión se diera el día de hoy seguramente que decidiríamos no participar en las próximas elecciones porque en la actualidad la vía electoral, tal como fue concebida y diseñada, no conduce al socialismo sino a perfeccionar el actual sistema político, “la democracia neoliberal”, del cual todos los partidos registrados se sienten promotores, participes, defensores y con el derecho a reclamar determinadas posiciones dentro del régimen. Todos se sienten satisfechos con la democracia existente, que se dice opuesta al autoritarismo, pero que ha resultado más ineficaz que este último para resolver los problemas del desarrollo económico y para atender las necesidades más elementales de nuestro pueblo. Es en todo caso, como lo acredita la realidad cotidiana una democracia al estilo de la antigua Roma que solo interesa a esclavistas y a patricios pero que ignora a la gran masa esclavizada de nuestro pueblo.

Las elecciones en el mejor de los casos, podrían instalar a los revolucionarios en la Presidencia de la República pero sin el control del Congreso o viceversa. Pasaría lo mismo que con el Doctor Allende en Chile, que por la vía electoral conquisto el gobierno pero no el poder. La clase obrera necesita de todo el poder para emprender las verdaderas reformas estructurales que reclama nuestro país y que no son otras que las reformas socialistas.

Si aun teniendo registro no estaríamos dispuestos a participar en los procesos electorales, menos dispuestos estamos hoy a contender a la cola de cualquier partido burgués y a apoyar a un candidato de cualquiera de los partidos registrados, porque no podríamos actuar con autonomía a favor de los intereses que pretendemos representar, que no son otros que los intereses de los trabajadores y del pueblo.

Nuestro partido le seguirá apostando a la lucha de masas porque ella ha permitido nuestro contacto permanente con la clase obrera y desarrollar la encomienda de fusionar con el movimiento las tesis del socialismo científico. En esta lucha hemos encontrado también a nuestros mejores aliados: los indígenas, los campesinos, los trabajadores del campo y de la ciudad, los jóvenes y los intelectuales progresistas.

La lucha de masas es la que finalmente va a expulsar del poder a la camarilla de neoliberales sin tener que respetar los plazos electorales ni sus enormes limitaciones.

No será la nuestra una actitud abstencionista. Durante la contienda presidencial difundiremos nuestro programa revolucionario y evaluaremos nuestras coincidencias fundamentales con la declaración del II segundo Dialogo Nacional y con la VI Declaración de la Selva Lacandona, al tiempo que denunciaremos la falsedad de la democracia neoliberal y exigiremos que se larguen del poder los enemigos de nuestro pueblo.

Simplemente la nuestra, es La Otra Campaña.

“Proletarios de todos los países, uníos.”

Llamamiento al II Congreso Nacional del Partido de los Comunistas

¡Sólo en el socialismo otro mundo es posible!

A la clase obrera,

A los trabajadores de la ciudad y del campo,

A los trabajadores de la cultura, la educación, los intelectuales y artistas,

A los pueblos indios,

A las mujeres y los jóvenes:

Hace dos años, el 26 y 27 de Julio del 2003, los comunistas dimos un paso para contar con un nuevo partido, resultado de un proceso unitario de acción y reflexión sobre los problemas de México y el mundo a partir de la vigencia de las ideas comunistas y de la teoría marxista-leninista.

Este partido de la clase obrera y los revolucionarios, el Partido de los Comunistas, se constituyó para que los trabajadores tomen el poder y construyan el socialismo. La base ideológica de su creación es una irrenunciable identidad comunista que parte de la concepción materialista de la historia, los principios del socialismo científico, y el internacionalismo proletario; nuestra acción programática además de centrarse en la cuestión del poder se sustenta en la estrategia de articulación de la unidad de clase y de la unidad más amplia contra el neoliberalismo y el imperialismo; para los comunistas de México nuestra actividad entre la clase obrera y los explotados tiene como guía de acción permanente el legado ideológico de Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Ilich Lenin, así como de los revolucionarios proletarios que durante los Siglos XIX y XX han luchado por la emancipación de la humanidad.

En el breve lapso que va desde nuestra fundación, acontecimientos políticos de carácter histórico se han sucedido curtiendo aceleradamente a nuestra organización. De frente a la realización de nuestro II Congreso Nacional es necesario el recuento. Antes sin embargo es necesario decir que a dos años nuestro proceso unitario se desarrolla y consolida con éxito, rompiendo con la tradición a la dispersión y la división del movimiento revolucionario mexicano.

Tan solo con unos meses de vida participamos en un proceso de lucha masiva contra las reformas estructurales, y la política neoliberal. Las Caravanas del movimiento obrero, campesino y popular recorrieron los caminos de la patria y despertaron movilizaciones que impidieron el IVA a alimentos y medicinas; en medio de la vorágine de las memorables jornadas de noviembre del 2003 el Partido de los Comunistas elevó su discurso al plantear la renuncia de Vicente Fox, actitud política que al tiempo a mostrado su justeza, pues abrió definiciones de orden táctico en la lucha contra el Estado y su gobierno. De esas jornadas de Noviembre surgieron dos instrumentos movilizadores para la unidad y la acción: el Frente Sindical Campesino Social Indígena y Popular y los Comités de Defensa Proletaria.

Enfrentamos conjuntamente con el pueblo al gobierno, que subordinado al imperialismo intentó romper las relaciones históricas con Cuba Socialista. El restablecimiento de relaciones diplomáticas fue una victoria de los mexicanos, a favor de nuestra independencia y soberanía.

Las movilizaciones masivas de rechazo al sistema han tenido espacios para reflexionar su quehacer, entre estos se encuentran los Diálogos Nacionales que han entregado un fruto: el programa mínimo no negociable que suscribe precisamente las bases para desarrollar una ruptura efectiva con el neoliberalismo: la cancelación del Tratado de Libre Comercio y el no pago de la deuda externa.

Este proceso de luchas unitarias y masivas se fortalece con la VI Declaración de la Selva Lacandona del EZLN y La otra campaña. Esta iniciativa, en la que los comunistas de México participamos, no sólo permite confrontar la sucesión presidencial y la integración de la siguiente Legislatura del Congreso de la Unión, proceso electoral en que solo participa el neoliberalismo con diversos ropajes y que ha generado una confusión ideológica con las supuestas bondades de la llamada izquierda institucional, la izquierda sistémica; además estamos construyendo una alianza de largo plazo de las fuerzas clasistas y radicales para la elaboración de una alternativa con clara definición anticapitalista.

Los cambios en el mundo en este mismo lapso son muy positivos.

La ola de rebeldía e insumisión en América Latina mantiene su ascenso. La lucha de los pueblos ha enterrado el ALCA en Mar del Plata Argentina; las protestas crecen en los países frente al fracaso del capitalismo. En Colombia pese al gran despliegue del gobierno paramilitar y la propia presencia de las tropas norteamericanas continúa ondeando victoriosa la bandera de las FARC-EP.

En Venezuela Bolivariana todo el pueblo ha entrado en la dinámica del debate sobre la alternativa, no solo propia, sino para todos los países. El Presidente Hugo Chávez propone al mundo que discutamos el socialismo como ruta viable para el género humano frente a la barbarie y decadencia del capitalismo.

La Revolución Cubana da pasos firmes por la senda de la justicia social, la elevación cultural, los verdaderos derechos humanos y la plena democracia, en la víspera de cumplirse 50 años -el 2 de Diciembre del 2006- de la expedición del Granma, que partiendo de Tuxpan Veracruz no se ha detenido un instante en su proceso de liberación y firme decisión de construir el socialismo.

En cada uno de los pueblos son retomadas las ideas de unidad latinoamericana que sostuvieran los próceres de las primeras independencias: Hidalgo, Morelos, Bolívar, San Martín Juárez, Martí, que son vistos como ejemplo y ruta.

En la misma Unión Europea crece la insumisión; no sólo han rechazado el proyecto constitucional del capitalismo; la injusticia produce sublevaciones como la de París.

Lo que el imperialismo pensó seria un paseo dominical se convirtió en su mayor pesadilla; en Irak y Afganistán no han logrado su objetivos. El arrogante desprecio por los pueblos no les permite ver que éstos son los sujetos de la historia, que ésta es determinada no por la capacidad destructiva y el poder del dinero, sino por los principios de libertad, independencia, emancipación. La humanidad tiene una gran deuda con el pueblo iraquí que con su resistencia frustró hasta ahora el sueño del IV Reich de atacar militarmente a varios países, sustentado en la doctrina de los ataques preventivos.

La incapacidad del capitalismo para enfrentar los graves problemas que él mismo genera se evidenciaron durante el desastre natural provocado por Katrina. Hay que decir, por cierto que es la lógica de las ganancias del sistema la que destruyendo el medio ambiente crea las condiciones para esas reacciones de la naturaleza.

La contrarrevolución triunfante hace 15 años cavó nuestra tumba, pero hoy en ella sólo están los cadáveres de la desideologización y del fin de la historia, las tesis de Fukuyama. Las pequeñas lucecitas de la resistencia entonces, hoy son grandes llamas de lucha que están presentes no solo en la periferia sino en las principales metrópolis del sistema capitalista.

Como lo planteamos los comunistas de México en nuestro Congreso de Unidad: estamos pasando de la resistencia a la ofensiva.

Esta ofensiva tiene como elemento fundamental el protagonismo de los pueblos, de los explotados, de los parias de la tierra; mas para triunfar hacen falta otros dos elementos: la alternativa y el instrumento; más precisamente, la alternativa comunista y el partido revolucionario.

Un partido no solo es revolucionario porque sustente la ideología revolucionaria sino porque su estrategia y su táctica también deben ser revolucionarias y esa es precisamente la discusión central del II Congreso Nacional del Partido de los Comunistas.

Después de un gran vació de varias décadas los marxistas-leninistas tenemos la necesidad de contar con una línea política, una vez que la que suscribimos durante el Siglo XX quedo en desuso hace varios años.

La esencia de la que hoy proponemos sustenta la centralidad de la lucha política fuera del carril de la institucionalidad burguesa, en la lucha extraparlamentaria, principalmente en lo que denominamos movilización revolucionaria de masas. Partimos de que sin el protagonismo directo de la clase obrera y todos los trabajadores, así como sus aliados históricos y circunstanciales es imposible cualquier acumulación ofensiva para la conquista del poder político, para la nueva revolución; sin descartar otras formas de lucha hoy consideramos que esta es la principal pues organiza y eleva la conciencia y confianza en la potencialidad de la fuerza de la unidad de los explotados; además en las importantes batallas que arrancaron en 1999 contra las privatizaciones han demostrado sus efectividad.

Esa discusión que hace ya parte de las células del Partido de los Comunistas la proponemos a toda la clase obrera, al movimiento revolucionario, a todo el pueblo de México.

Por ello mismo ha prevalecido en el Comité Central del PC la idea de realizar el II Congreso en la vorágine de los acontecimientos políticos del 2006, el 18 y 19 de Marzo en la Ciudad de México; cuando los propios comunistas estaremos insertos en las actividades de La otra campaña.

A esta discusión llamamos, con más confianza que nunca en el progreso y futuro de la humanidad; con más confianza que nunca en el proyecto comunista; con más confianza que nunca en el sujeto de la revolución: la clase obrera.

Llamamos a los trabajadores a ingresar al Partido de los Comunistas y ser parte del proceso de transformación histórico que se abre en la víspera de cumplirse 100 años del estallamiento de la Huelga de Cananea, que simboliza la irrupción del proletariado en la vida de México; 100 años también de que la clase obrera contara con su primer programa político elaborado en las condiciones de la lucha clandestina contra la dictadura de Porfirio Díaz.

Llamamos a la unidad y coordinación de las fuerzas revolucionarias del país; a los comunistas, a los partidarios del socialismo.

Llamamos a formar los Comités de Defensa Proletaria, instrumentos de base para la lucha contra las reformas estructurales, en defensa de los derechos de clase.

Nos ve remos el 18 de Marzo del 2006 en la Ciudad de México, fecha histórica para el proletariado del mundo y de México, pues en 1871 se inicio la Comuna de Paris, primer gobierno de la clase obrera y en 1938 se conquistó la independencia económica cuando los trabajadores en unidad con los patriotas y revolucionarios lograron la expropiación petrolera.

Nos encontraremos para juntos decidir la ruta para luchar por soberanía e independencia, democracia, revolución y socialismo.


¡Proletarios de todos los países, uníos!

Guadalajara, Jalisco, 18 de diciembre de 2005.

El Comité Central del Partido de los Comunistas.

RESOLUCIONES ESPECIALES DEL II CONGRESO NACIONAL DEL PARTIDO DE LOS COMUNISTAS

RESOLUCIONES ESPECIALES QUE EL SEGUNDO CONGRESO NACIONAL DEL PARTIDO DE LOS COMUNISTAS, CELEBRADO LOS DÍAS 18 Y 19 DE MARZO DE 2006 EN LA CIUDAD DE MÉXICO, APROBÓ COMO LINEAS DE ACCIÓN Y SOLIDARIDAD CON SECTORES IMPORTANTES DE TRABAJADORES, CAMPESINOS E INDÍGENAS DE NUESTRO PAÍS QUE LUCHAN POR SUS REIVINDICACIONES Y DERECHOS, EN DEFENSA DE LA SOBERANÍA NACIONAL Y EN CONTRA DEL IMPERIALISMO, TANTO EN MÉXICO COMO EN EL MUNDO. ASIMISMO, EXPRESA SU PLENA SOLIDARIDAD CON PARTIDOS COMUNISTAS DE OTRAS PARTES DEL PLANETA Y CON LAS FUERZAS DE LIBERACIÓN NACIONAL, QUE CON DIFERENTES FORMAS DE LUCHA LIBRAN LA BATALLA POR DERROTAR AL IMPERIALISMO.

I. Resolución aprobada por el Segundo Congreso Nacional, presentada por la delegación de Puerto Rico.

Por cuanto:

El 25 de julio de 1898 Estados Unidos de Norteamérica invadió militarmente a Puerto Rico;

Por cuanto:

Desde entonces ese país ha ejercido su poder colonial sobre la isla caribeña;

Por cuanto:

Con sus leyes e instituciones ha impedido que el pueblo puertorriqueño ejerza su autodeterminación;

Por cuanto:

Mantuvo y mantiene presos a patriotas y revolucionarios puertorriqueños, tanto en cárceles yankis como de Puerto Rico por realizar acciones a favor de su independencia nacional;

Por cuanto:

Por décadas de años, Estados Unidos ha utilizado la represión y persecución en sus diferentes formas, para frenar el desarrollo de luchas populares, obreras y estudiantiles;

Por tanto, exigimos:

1.- El derecho del pueblo puertorriqueño a su independencia nacional;

2.- La salida inmediata de todo su aparato militar y las instituciones y cuerpos que lo apoyan, es decir, el FBI (Negociado Federal de Investigaciones), la CIA (Agencia Central de Inteligencia) y demás agencias represivas yankis, que operan criminalmente contra nuestro pueblo;

3.- El fin del colonialismo en todas sus formas y manifestaciones, de manera que podamos insertarnos en la comunidad de los pueblos del mundo.

II. El Segundo Congreso Nacional Ordinario del Partido de los Comunistas condena la política exterior servil del gobierno de Vicente Fox al permitir la injerencia del gobierno estadounidense en la vida política del país, violándose así la soberanía nacional y, por tanto, los principios juaristas.

III. ¡No a la construcción de la presa hidroeléctrica “La Parota”.

IV. Presos políticos del país ¡¡Libertad!!

1.- Tomás de Jesús Barranco

2.- Joviel Rafaél Ventura

3.- Salomé Aguirre Bahena

4.- José Correa Sánchez

5.- Jacobo Silva Nogales

6.- Gloria Arenas Agis

7.- Héctor Pérez Contreras

8.- Pablo Alvarado

V. El Segundo Congreso Nacional se pronuncia en apoyo a los Ejidos “El Ranchito”, “Los Huizaches”, “El Álamo”, “La Batea”, “El Kinsón” y otros que están amenazados con la destrucción de sus ecosistemas y la salud de sus pobladores por la construcción de un relleno sanitario –Basurón- a escasos quinientos metros de distancia de las poblaciones y a cuatrocientos cincuenta metros de los canales de riego de la agricultura y suministro de agua potable para la población de Culiacán.

En forma mafiosa el Ayuntamiento, la Cámara Local de Diputados y las dependencias federales como la Comisión Nacional del Agua, PROFEPA, Semarnat, han considerado que puede o procede la instalación de dicho basurón. Esto ha llevado a los ejidatarios a estar en plantón permanente para impedir que se siga con los trabajos de preparación de los vasos contenedores de basura.

El próximo jueves 23 del presente a las diez horas se llevará a afecto un Foro para demostrar la improcedencia técnica de tal relleno sanitario, donde se invita a la empresa y a las autoridades para que expongan ante técnicos capacitados su estudio de impacto ambiental y demuestre si de veras tienen razón o no, y en este caso busquen otro lugar que no afecte y que cumpla con la norma 083.

VI. Acerca de la construcción del muro fronterizo México-Estados Unidos.
Sobre el revestimiento del Canal Todo Americano.

Acerca de los indígenas y trabajadores migrantes que laboran en Estados Unidos.

México necesita un muro: si, pero un muro de dignidad frente a la soberbia y el crimen del imperialismo; porque el gobierno de la república se ha arrodillado ante su amo el Presidente norteamericano George W. Bush de los Estados Unidos.

El muro al que nos referimos sólo puede levantarlo el pueblo mexicano con su decisión inquebrantable de no permitir que jamás la soberanía nacional vuelva a ser ultrajada y violada por el imperialismo y con la complicidad del gobierno mexicano.

¿Qué protección puede esperar nuestro pueblo, si las autoridades responsables de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las Leyes, lo que hacen es violarlas y sustituirlas por las de los Estados Unidos y se conducen como mansos corderos, domesticados ante las exigencias del gobierno del imperio del norte?

Ayer –hace un tiempo- el actual Secretario de Relaciones Exteriores convino con el gobierno estadounidense el uso de armas de fuego con “balas de goma” contra nuestros paisanos que cruzan la frontera; que no tienen mas delito que, a riesgo de perder la vida, ir a buscar trabajo al “otro lado” porque en nuestro país han perdido toda esperanza de encontrarlo y que, hallándolo, quedan expuestos al odio xenofóbico y al racismo que engendra la política fascista del gobierno norteamericano.

Hace poco días, el Presidente de la República Vicente Fox, selló con el Presidente norteamericano y con el Primer Ministro canadiense el compromiso, a nombre de México, de subordinarnos al poder económico, político y militar del imperialismo norteamericano, para lo cual el mismo Vicente Fox firmó el año pasado a espaldas de la Nación mexicana la “Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte” para “…desarrollar e instrumentar medidas de seguridad migratorias compatibles para mejorar la seguridad de América del Norte” dentro de los cuales está “coordinar” el despliegue de policías y soldados de Canadá y Estados Unidos en nuestro territorio. ¡Esto es un acto de lesa patria! ¨¡Es una traición a México! Por esto, el ciudadano Presidente de la República debe renunciar para que su lugar sea ocupado por un mexicano y un patriota que sí cumpla con representar honrosamente a México. Y no nos referimos, naturalmente, a que estemos esperanzados a que alguno de los candidatos en campaña por la Presidencia de la República, resultando electo, vaya a cumplir con esa función, porque esta cuestión que nos ocupa debiera resolverse, ¡ya!

Este acuerdo que hoy denunciamos es una aplicación extra-territorial de la Ley PATRIOT, que en Estados Unidos anula a la misma Constitución norteamericana con el pretexto dizque de combatir el terrorismo.

Y diciendo y haciendo. El gobierno de México, por medio del Titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores –que más bien parece empleado del Departamento de Estado del gobierno de los Estados Unidos- propuso a las autoridades norteamericanas que sus policías se instalen con inmunidad diplomática en los aeropuertos de nuestro país, para cumplir con aquél fin.

En el marco de ésta política entreguista que condenamos, se ha desatado una polémica y una lucha en “ambos lados” de la frontera para impedir la construcción del anunciado muro entre nuestros dos países; una ola de protestas y de movilizaciones masivas de los trabajadores migrantes y sus familias, contra la Ley anti-inmigrante 4437, apoyados por jóvenes, estudiantes y trabajadores norteamericanos, que ya toma el perfil de una lucha política proletaria en las principales ciudades estadounidenses y que incluyen acciones de masas convocadas por organizaciones de nuestro país a lo largo de la frontera y que, por ejemplo, el 10 de abril se manifestarán en la ciudad de Mexicali por estos acontecimientos y, también, para protestar contra el revestimiento del lecho del Canal Todo Americano, -que separa a Mexicali de Calexico- que de suceder así provocaría la sequía de todo el Valle de Mexicali al impedir que se trasmine la humedad de las aguas del Río Colorado, que irrigan toda esa región.

El Segundo Congreso Nacional Ordinario del Partido de los Comunistas declara su decisión de apoyar y de estar, con todo lo que esté a su alcance, en todas las acciones que se han convocado y que seguirán dándose por todos estos motivos, en la que ya participan nuestras compañeras que dirigen la Asociación de Comités del Pueblo del estado de Baja California.

RESOLUCIONES SOBRE LA LINEA POLITICA DEL PARTIDO DE LOS COMUNISTAS.

RESOLUCIONES SOBRE LA LINEA POLITICA
DEL PARTIDO DE LOS COMUNISTAS.

I.-Se aprueba en lo general el documento que sobre la línea política del Partido de los Comunistas propuso a esta asamblea el VII Pleno del Comité Central del partido reunido en la ciudad de México los días 27 y 28 de agosto del año de 2005.

Se aprueba también en lo particular el documento de referencia con las enmiendas, supresiones y ampliaciones propuestas por los delegados y admitidas por el congreso.

II.-La línea estratégica y táctica de nuestro partido consiste en unir en un solo frente a las diversas insurgencias que se han generado en los sectores de la población dañados por el neoliberalismo: la insurgencia indígena; la insurgencia estudiantil; la insurgencia campesina; la insurgencia obrera; y la insurgencia popular, que han desarrollado múltiples formas de lucha en contra del imperialismo, de los monopolios internacionales y de quienes le sirven dentro del gobierno, de los partidos políticos, medios de difusión y otras entidades eclesiásticas y civiles.

Formar un solo frente con los combatientes de vanguardia que participan en la lucha de masas y que se pronuncian por la recuperación del patrimonio y la soberanía nacionales, arrojar a los neoliberales del poder y por elaborar una nueva Constitución.

Mediante la línea estratégica y táctica, el partido se propone derrocar al gobierno virreinal y al imperialismo que han suplantado al antiguo Estado de la burguesía nacional para que, en su lugar los trabajadores del campo de la ciudad y del mar, los indígenas, los intelectuales y estudiantes progresistas, bajo la dirección de la clase obrera se organicen como clases dominantes y se erijan en un nuevo Estado que tendrá los siguientes objetivos y funciones:

-Aplastar la resistencia de los enemigos del pueblo y de la nación mexicana.
-Establecer el régimen socialista bajo la forma de una democracia del pueblo.
-Promulgar una nueva constitución que eleve por encima de todos, los derechos de la nación, de los trabajadores y del pueblo.
-Reestablecer la independencia plena de la nación mexicana frente al extranjero, desde el punto de vista político, económico y cultural.
-Nacionalizar totalmente las tierras, las aguas, el espacio aéreo y los recursos naturales comprendidos dentro del territorio nacional.
-Nacionalizar todas las empresas estratégicas correspondientes a la industria, el comercio, la banca y los servicios.
-Cancelar el pago de la deuda externa y cancelar los tratados internacionales que dañan a nuestro país, incluyendo el del libre comercio.
-Impulsar el desarrollo independiente de nuestra patria mediante la planificación de la economía y rescatar de la marginación y la miseria a los sectores mayoritarios de la población.
-Asumir de manera exclusiva la función educativa.
-Proporcionar los servicios de salud a toda la población sin distinción alguna.
-Reestablecer una política internacional, independiente, activa y solidaria con aquellos pueblos que luchan por su liberación nacional y por el socialismo.

Resoluciones sobre la lucha de masas

I.-En acatamiento a nuestra línea estratégica y táctica, el Segundo Congreso Nacional de nuestro partido ratifica y aprueba en todas sus partes la decisión que en su tiempo tomaron el Comité Central y su Dirección Colectiva de participar en las movilizaciones combativas que ha presidido el Sindicato Mexicano de Electricistas y otras agrupaciones obreras y populares, en defensa de los derechos patrimoniales y políticos de la nación mexicana y en contra de las reformas estructurales propuestas por Vicente Fox; en contra del proceso privatizador del petróleo y la electricidad; en contra de aplicar el IVA a alimentos y medicinas; en contra de gravar con el Impuesto Sobre la Renta las prestaciones de los trabajadores; en contra de la reforma laboral y las reformas fascistas hechas a la ley del Seguro Social, que alteraron el régimen de jubilaciones y pensiones establecido en el Contrato Colectivo de Trabajo del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social. (SNTSS). En contra de la iniciativa de Ley acerca del ISSSTE, presentada el 16 de diciembre de 2005 en la Cámara de Senadores por la Secretaría de Hacienda a través del senador Joel Ayala Almeida del PRI.

II.-El II Congreso Nacional del Partido de los Comunistas ratifica las resoluciones tomadas en su momento por la Dirección Colectiva y por el Comité Central de apoyar y suscribir las VI Declaración de la Selva Lacandona y de participar de manera formal y efectiva en “La otra campaña” lo mismo que en la Conferencia de Organizaciones Políticas Anticapitalistas y de Izquierda. Al término de esta gran consulta y movilización nacional, elaboraremos y presentaremos un proyecto de evaluación y una estructura organizativa unitaria, para continuar la unidad en la acción después del 2 de julio –como ya está previsto- y suscribiremos el Plan Nacional de Lucha con todas las organizaciones adherentes a la Sexta convocada por el EZLN, que puede conducirnos a la toma del poder, a la elaboración de una constitución socialista y a la formación de un Estado proletario y popular.

Salón de sesiones del II Congreso Nacional del Partido de los Comunistas. México D.F. 18 y 19 de marzo de 2006.

domingo 16 de diciembre de 2007

Documentos Básicos


Documentos Básicos

Declaración de Principios, Programa y Estatuto

Aprobados por el Congreso de Unidad, 26 y 27 de julio del 2003.

Llamamiento para construir un nuevo partido comunista y unir a los luchadores por el socialismo.


A la clase obrera y a todo el pueblo trabajador

A los comunistas, a los marxistas-leninistas

A los partidarios del socialismo en México.


Diversos referentes del socialismo en México abrimos en el marco de nuestras coincidencias un proceso para proponer la constitución de un nuevo partido revolucionario, pues la clase obrera y el pueblo requieren hoy de una mejor herramienta para su lucha.

La crisis y la guerra son el rostro del capital en su fase imperialista, estamos viviendo en el mundo la barbarie producto de la descomposición de este sistema, expresada no sólo en las toneladas de millonarias bombas y misiles que asesinan niños, mujeres y hombres, sino también por una guerra de baja intensidad contra los pueblos, que los empobrece y mata de hambre o por enfermedades que podrían ser erradicadas de no existir la lógica de la ganancia. Retomando los pasos del imperialismo alemán en los años 30 del siglo pasado, el imperialismo estadounidense hoy pretende erigir un IV Reich global sustentado en la doctrina de las guerras preventivas, para golpear militarmente a todos los países y pueblos que no entreguen sus riquezas naturales y no se sometan al dominio yanqui. Amenaza que se ha cumplido violentando la legalidad internacional y los mecanismos que como la ONU surgieron de la segunda posguerra para garantizar la paz y evitar los horrores del holocausto y muerte masiva del género humano. En Afganistán e Irak observamos qué camino tienen diseñado para la historia, han llegado inclusive a hablar de la utilización de armas nucleares y otras de destrucción humana. Con más fuerza que nunca el socialismo es la alternativa, es la paz, es la vida.

Instrumentos de esa política agresiva y de dominación son los planes para controlar regiones y continentes enteros; en América Latina el Plan Colombia y la iniciativa Andina para detener la oleada antineoliberal de los pueblos de Venezuela, Colombia, Argentina y Brasil, apropiarse de su petróleo, de los más ricos mantos acuíferos del planeta; El Plan Puebla-Panamá con el que poseerían la biodiversidad mesoamericana y su flora y fauna, el uranio y por supuesto también el petróleo, que aparece como constante. La doctrina Monroe y sus objetivos abiertamente coloniales han reiniciado con el Tratado de Libre Comercio en México y la propuesta de expandirlo a todo el continente con el ALCA. Desde 1994 con el TLC se quebró la industria nacional y se puso al campo en crisis mortal. El TLC y el ALCA significan anexión, y la independencia de México, de todos los países del continente puede perderse. Hace falta un nuevo Grito de Dolores y una nueva insurgencia para la segunda y definitiva Independencia.

Desde la Casa Blanca, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, se dictan las instrucciones que los gobiernos neoliberales acatan sin objetar, consistentes en privatizaciones, desnacionalizaciones, anulación de los derechos laborales conquistados por los trabajadores en sus luchas; se restringen las libertades públicas y democráticas para favorecer los intereses trasnacionales del capital financiero. Los derechos sociales del pueblo son obviados para atraer las inversiones especuladoras, y el desarrollo industrial se sustituye por el proyecto de una gran zona maquiladora en todo el territorio nacional. La burguesía ya no puede ni debe continuar gobernando, debe ser expulsada del poder y sustituida por la democracia popular.

Frente a la incapacidad de los gobiernos burgueses, el fracaso de su sistema político, la descomposición de los partidos del régimen y de sus instituciones electorales, frente a la miseria del pueblo mexicano, sus 40 millones en extrema pobreza y ante el entreguismo de nuestro patrimonio e independencia al imperialismo, se requiere con urgencia un nuevo poder, el de la clase obrera y todos los trabajadores de la ciudad y del campo. Pero ese proceso no será asegurado si no es en el marco de la ruptura con el capitalismo y en la construcción de un nuevo sistema de la vida social: el socialismo. Como expresó el heroico comandante Ernesto Che Guevara, O revolución socialista o caricatura de revolución. Las tareas truncadas de la lucha por la independencia y de la Revolución mexicana, así como las sacrificadas luchas obreras serán completadas en el socialismo. Para cumplir esa tarea hace falta la unidad de los revolucionarios, de los partidarios del socialismo, hace falta un nuevo, dinámico y fuerte partido comunista.

En esa tarea hemos estado comprometidos varios partidos marxista-leninistas en estos últimos años. En la unidad en la acción y en diversas coordinaciones, entre ellas el Movimiento de los Comunistas mexicanos. Sobre debates realizados afirmamos la vigencia del ideal socialista y nuestra identidad comunista, el marxismo-leninismo como ideología clasista para la emancipación social. Confrontando con otras posiciones afirmamos la lucha por el poder, frente a quienes dentro de la misma izquierda plantean que hay que renunciar a ese objetivo, o la ilusa y reformista tesis de cambiar al mundo sin tomar el poder; Sin desdeñar a los sujetos emergentes consideramos que el sujeto histórico de la transformación revolucionaria de la sociedad es la clase obrera en amplia alianza con los oprimidos e interesados en enterrar el sistema actual; que la clase obrera para organizar y hacer victoriosa su lucha histórica requiere de una formación política de vanguardia, que la organización más moderna para estos objetivos es el partido leninista. Es por ello que el Partido de la Revolución Socialista y el Partido de los Comunistas Mexicanos han decidido dar el paso para la unidad orgánica, con la intención de aportar sus esfuerzos y experiencias a un mejor instrumento clasista, un partido de comunistas.

Nuestra convicción no es solo la unificación para acumular, sumar nuestros destacamentos militantes, nuestros cuadros y nuestras historias, por encima está la decisión de que este proceso sea el organizador de la clase obrera y de los miles de comunistas que hoy están sin partido, sin espacio para luchar. Llamamos a los comunistas, a los partidarios del socialismo a construir juntos un nuevo partido de los comunistas, a reunirnos nacionalmente el 26 y 27 de julio en la Ciudad de México.

Un nuevo partido de comunistas que se proponga luchar por los objetivos de clase revolucionarios. Un nuevo partido de comunistas que continúe, como lo han hecho nuestros dos partidos, al lado de los sindicatos y movimientos sociales contra las privatizaciones. Un nuevo partido de comunistas al lado de los partidos y fuerzas revolucionarias que en el mundo están combatiendo, al lado como siempre de la Revolución Cubana en esta hora difícil. Un nuevo partido de comunistas, internacionalista y solidario con las causas justas de los pueblos.

Este llamamiento obedece a que el motor de la historia es la lucha de clases, a que el actual estado de cosas puede ser transformado y a que la unidad es la condición necesaria para hacerlo. Nos veremos el 26 y 27 de julio en la Ciudad de México para construir juntos este nuevo partido de los comunistas y levantar la alternativa revolucionaria al decadente sistema capitalista.

¡Proletarios de todos los países, uníos!

¡Unidad de los comunistas para la victoria!

¡Viva el socialismo y las ideas de Marx, Engels y Lenin!

México, D. F., 22 de mayo del 2003.

Partido de la Revolución Socialista Partido de los Comunistas Mexicanos

Declaración de Principios


DECLARACION DE PRINCIPIOS.


  1. El mundo ha experimentado cambios profundos desde la aparición de la