LA INSALVABLE CRISIS ECONOMICA Y SOCIAL DE MÉXICO SOLO SE RESUELVE EN EL SOCIALISMO.
Hoy estamos aquí reunidos los representantes de la base del Partido, delegados de las células electos en todo el país. Cumplimos así, democráticamente, con nuestras normas estatutarias.
Este segundo Congreso Nacional que estamos celebrando tiene objetivos muy claros. En primer lugar, fortalecernos en todos los aspectos de nuestra organización y dejar sellado el pacto de unidad que dio vida al Partido de los Comunistas. Hemos superado –por así decirlo- la prueba de la práctica desde aquél 26 de julio de 2003.
El llamado Consenso de Washington, fraguado desde 1989 para intentar resolver la crisis de la deuda externa, es un rotundo fracaso. Como lo demostró en su tiempo el Comandante Fidel Castro, ésta es una deuda impagable, incobrable e inmoral. Según datos del economista cubano Osvaldo Martínez, en 20 años -1986-2004- el tercer mundo pagó por concepto de intereses del servicio de la deuda externa 4,4 millones de millones de dólares y esta deuda no ha sido pagada todavía.
Los 10 puntos adoptados por los teóricos del imperialismo en Washington como Consenso, dictados a los gobiernos de América Latina como políticas públicas, por todos nosotros conocidas contra nuestros pueblos, como son: liberalización comercial, ingreso indiscriminado de inversiones extranjeras directas, tasas de interés favorables para la especulación financiera, privatización de los activos públicos, disminución del gasto público, disciplina fiscal para controlar el déficit presupuestario y una reforma tributaria. ¡Todo para resolver el problema de la deuda externa!
Los resultados están a la vista. América Latina y el Caribe –exceptuando Cuba- es la región que, según informan analistas autorizados en la materia, presenta mayor desigualdad. La décima parte de la población más rica percibe 48 por ciento de los ingresos totales, mientras que el 10 por ciento de los más pobres obtiene solo el 1.6 por ciento.
Pero la nación estadounidense no se queda atrás en cuanto a desigualdad se refiere. Según una opinión de Phil Gaspar, publicada en la página Internet de Rebelión, en 1998 el 10 por ciento más rico de la población de EEUU poseía más del 85 por ciento de las acciones e inversiones inmobiliarias, el 85 por ciento de los valores financieros, el 91 por ciento de los fondos de inversiones y el 92 por ciento de todo el patrimonio neto. Globalmente –continúa- los datos son todavía más apabullantes. En el mundo poco más de 500 personas poseen más del total de los ingresos de más de la mitad de la población del planeta.
Sin embargo, el imperialismo no está en condiciones de imponer su dominio. Si bien es cierto que hace muchos años perdió la iniciativa histórica, hoy ha perdido la iniciativa política en los asuntos del desarrollo en el planeta y el crecimiento alcanzado después de la Segunda Guerra Mundial ha caído en el abismo. Hoy China tiene en sus manos un espectacular desarrollo económico que se manifiesta en un promedio estable en los últimos años del 10% de crecimiento del Producto Interno Bruto anual (PIB). Lo mismo pasa con Venezuela, que el año pasado tuvo un crecimiento cercano al 18% del Producto Interno Bruto y que en este año va por el 10%. La pregunta es ¿cuál es una de las causas fundamentales del espectacular desarrollo económico de esos dos países? Muy sencillo: ejercen su soberanía y emprenden el desarrollo de sus países con independencia.
Así pues, la independencia nacional pasa a ser un asunto de la mayor importancia para todos los mexicanos como garantía del crecimiento y recuperación de nuestro nivel de vida. No podemos crecer subordinados al imperialismo.
Sin embargo, este modelo de dominación en Irak goza de las bondades del FMI, condonándole el pago de la deuda externa, en virtud de la presencia de las fuerzas invasoras en la nación árabe administrada por sus títeres.
Las guerras del imperialismo, masacrando pueblos como en Afganistán contra Al-Qaeda, y en Irak contra el régimen de Sadam Hussein, con el argumento de combatir al terrorismo, han resultado una flagrante mentira y un gran negocio. En su insalvable crisis, los EEUU gastan -según sus propios datos- 5,9 mil millones de dólares mensuales en Irak y otros 1,9 mil millones de dólares mensuales en Afganistán, que en una maniobra fraudulenta de contabilidad declaran que no influye en el gasto, porque no forma parte del presupuesto ya que es una erogación exclusivamente manejada por el genocida y criminal de guerra inquilino de la Casa Blanca, George W. Bush. Es decir, son los gastos personales de Bush.
En el caso de la guerra de agresión imperialista, el modelo capitalista de rapiña neoliberal se impone vendiendo a firmas y monopolios los recursos naturales, el agua y la tierra, aplicando leyes de propiedad intelectual como, por ejemplo, para dictar la política agraria del Banco Mundial en esa nación árabe.
Por estas lacerantes condiciones que llevan a la muerte a millones de seres humanos en el planeta, condiciones que estallan ante nuestros ojos en México, es que los pueblos en masa han derribado gobiernos y derrocado gobernantes. Una ola de acciones de las masas empobrecidas de nuestra región en América Latina se han levantado, reivindicando los derechos del pueblo y su soberanía nacional, desde Brasil, Uruguay, Argentina, Ecuador, Venezuela y Bolivia, por citar algunos hechos de este relevante proceso, al que hoy, el pueblo mexicano no es ajeno.
Estamos en una franca ofensiva antiimperialista, anticapitalista y de liberación nacional.
El 1º de enero de 2005 es la fecha que marca la derrota del ALCA, porque no pudo ser firmado y no se transformó en instrumento legalizado por la traición y el desprecio a la vida de los pueblos latinoamericanos. En nuestro país lucharemos junto a nuestro pueblo para que el ALCA no lo firme el gobierno de México jamás, así como también le auguramos al “alquita” mejor conocido como TLC, firmado por el gobierno mexicano con EEUU y Canadá, que será derrotado junto con el Plan Puebla Panamá, planeados para cercenar y mutilar a la Nación mexicana.
El ALCA, proyecto anexionista y descarado instrumento de los monopolios yanquis en complicidad con serviles gobiernos latinoamericanos y que, para vergüenza de México Vicente Fox Quesada ensalza con particular emoción apátrida, es un proyecto condenado al fracaso. No permitiremos jamás que ese horrendo y perverso plan del imperialismo yanqui arrase con nuestro suelo y con nuestra vida
Es la hora de la unidad antiimperialista y de la lucha anticapitalista de los pueblos latinoamericanos y México no se queda atrás.
Cuba tiene un lugar de vanguardia en este concierto de las luchas de los pueblos latinoamericanos por alcanzar su total y definitiva independencia, con la inexorable derrota del imperialismo y la construcción del socialismo.
Ante la bancarrota del imperialismo han surgido supuestos nuevas teorías para rectificar el modelo neoliberal, diciendo que el fracaso se debe a una mala aplicación de los responsables de llevarlo a cabo, por lo que ahora nos proponen la aplicación de una llamada segunda generación de reformas.
¡No! -decimos nosotros- ya se les acabó el tiempo con todo y el llamado Pacto de Chapultepec, que busca reconstruir el modelo de dominación en nuestro país, creando programas sociales compensatorios y de limosnas como lo fueron antes Solidaridad y Progresa, y hoy Oportunidades; o de pensiones a los ancianos.
De modo que –insistimos- no hay tiempo, ni condiciones para ensayar salidas a la crisis que ellos mismos han provocado y que piensan resolver con base en las mismas reglas del juego.
Los cambios regresivos operados en este país devastado por el neoliberalismo, han modificado el panorama de las clases sociales, profundizando la desigualdad y la injusta distribución de la riqueza.
El Banco Mundial reconoció desde los años de gobierno de Zedillo que el 20% de la población más enriquecida recibía el 56% del ingreso nacional, mientras que al 20% de la población más empobrecida, correspondía apenas un poco más del 3% de ese mismo ingreso.
El Gobierno actual reconoce que la mayor parte de la población sufre diversos grados de pobreza hasta llegar a la indigencia y a la marginación. La CNN, la poderosa cadena televisiva norteamericana, afirma que mientras la mayor parte de la población mexicana vive con menos de un dólar al día, hay en México unos 85 mil millonarios (menos del 0.1% de la población), de los cuales once figuran en las listas de los hombres más ricos del mundo que publica la revista Forbes. Tal es el caso de Carlos Slim, que ya ocupa el tercer lugar.
A los mexicanos se nos quiere vender la idea de que esa enorme riqueza es producto del talento, de la audacia y, aún, del sacrificio del empresario mexicano, pero la explicación es más sencilla: Slim se robó, con la complicidad de Carlos Salinas, una parte importante del patrimonio de la Nación mexicana: Teléfonos de México.
En nuestro país, como en Rusia, la subasta de las empresas del pueblo produjo una serie de magnates y de mafiosos que manejan fabulosas fortunas.
Desde hace casi un cuarto de siglo se inició el proceso de desmantelamiento del Estado mexicano y desaparecieron más de mil trescientas empresas que habían venido siendo, por cierto muy mal administradas, por el gobierno mexicano.
Luego vino el estallido de la insurgencia armada del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994 y, después, en 1999 la insurgencia obrera que convocó el Sindicato Mexicano de Electricistas, fundando el Frente Nacional de Resistencia Contra la Privatización de la Industria Eléctrica. Se inauguró así en nuestro país la época de las luchas de resistencia. Ahora, afirmamos, que estamos pasando de la resistencia a la ofensiva.
El lugar que ocupan hoy las luchas del pueblo mexicano por todo el territorio nacional, revelan el profundo descontento e insatisfacción que anida en los sentimientos del pueblo, que no ha visto soluciones ni las verá con el actual gobierno, llamado del cambio.
Antes, en pleno auge de la aplicación de los postulados de la llamada Revolución Mexicana, estando al frente de la Presidencia de la República el General Lázaro Cárdenas, hubo una perspectiva de bienestar para los trabajadores y los campesinos; para los hijos del pueblo que deseaban ir a la escuela y estudiar. Y no solo eso, sino también la política de garantizar la independencia y la soberanía de la Nación mexicana, expropiando el petróleo un día como hoy de 1938, hace 68 años; época en la que también se aplicó una política contra los terratenientes y los latifundistas, imponiendo espectaculares e históricos acontecimientos que sellaron esta vocación revolucionaria.
La obra del General Cárdenas en la Presidencia de la República, se hizo gracias a las luchas del pueblo mexicano, de la clase obrera y de los campesinos que mantuvieron una política independiente y anti-imperialista frente al Gobierno de la República y que, el valor histórico que tuvo esta conducta, no fue una obra que favoreció directamente al gobierno de aquel tiempo, sino que sus resultados fueron a dar a manos del pueblo y se transformaron en herramientas del progreso y el desarrollo, que permitieron al pueblo llegar a una nueva etapa de la vida social. Todavía quedan vivos en el recuerdo las gestas de los hijos del pueblo pobre, que llegaron a las antiguas haciendas de los antiguos explotadores de sus padres, para vivir y estudiar en aquellos lugares donde era imposible entrar sino era a costa de humillaciones y violaciones a los derechos de los peones acasillados.
Las haciendas se convirtieron en escuelas y los nichos dedicados al culto religioso de los hacendados fueron utilizados también como dormitorios, bibliotecas y aulas para la enseñanza normal.
Fueron los maestros salidos de aquellas aulas los que llevaron el mensaje de la redención del pueblo mexicano, porque eran los depositarios de la herencia de la lucha del pueblo mexicano, desarrollada en 1910, que arrojó a la contienda a las masas del pueblo contra sus opresores, donde se estima que murieron más de un millón de mexicanos.
La Revolución Mexicana murió y aquella burguesía como clase social en la dirección del Estado desapareció. Sin embargo, los fines y los objetivos de las luchas del pueblo, que bañaron con su sangre la tierra y que imprimieron su sello en el espíritu y la letra de la Constitución promulgada en Querétaro en 1917, no han perdido su vigencia porque la burguesía que tomó el poder la haya traicionado.
Lo nuevo hoy es que no hay más clase social que la clase obrera, que es la llamada a ocupar el lugar prácticamente abandonado por la burguesía mexicana en la dirección del Estado -al que han colocado en proceso de extinción- integrar un nuevo gobierno y tomar las riendas del destino de nuestro país, pero sin las ideas ni los personeros de esa burguesía representativa de un régimen caduco.
La burguesía mexicana ya no tiene derecho de estar al frente de la Nación mexicana porque prácticamente desapareció de la escena y el imperialismo ha tomado su lugar en la dirección de todos los asuntos de nuestra vida doméstica, violando nuestra soberanía, nuestra independencia y hundiéndonos en una profunda crisis económica y social sin precedente.
LA POLÍTICA DE DOMINACIÓN IMPERIALISTA SE MIDE POR SUS RESULTADOS.
México es una zona de desastre económico y social, provocado por el huracán del neoliberalismo.
A doce años de la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, los resultados de esta política saltan a la vista:
Destrucción de la agricultura nacional y de la producción en el campo.
Aniquilación total de la industria y del desarrollo en manos del capital nacional.
Entrega a en manos del imperialismo y de los monopolios internacionales de las finanzas, de la llamada Banca Nacional.
Una deuda externa e interna que tienen ahogado el desarrollo, bloqueado el crecimiento y anuladas las esperanzas de trabajo, educación, cultura, educación, salud y vida del pueblo mexicano.
Así pues, las ofertas halagadoras y seductoras de los pregoneros del neoliberalismo para entrar al llamado primer mundo gracias a la firma del Tratado de Libre Comercio, se han esfumado. Pero no sólo eso, sino que los mismos autores intelectuales del neoliberalismo y su política genocida, inspirados en el racismo, como apologistas del régimen nazi de Adolfo Hitler, no respetan ningún orden legal, ni propio ni ajeno. La feroz dictadura de Bush contra su propio pueblo lo demuestra.
A más de cinco años del atentado terrorista contra las torres gemelas en Nueva York, el sospechoso de urdir el ataque, Osama Bin Laden, no ha sido detenido ni se sabe donde está. Y por esto se estableció en Estados Unidos la “Ley Patriot”, que faculta al Presidente a desatar una persecución contra sus mismos ciudadanos, violando la Constitución de su país.
En México, igual se desarrolla una feroz ofensiva contra los derechos políticos y sociales de los trabajadores y en contra de las bases jurídicas y políticas de la Constitución General de la República que atañen e interesan a los trabajadores y a la Nación mexicana.
El resultado de la aplicación de esta política arroja un panorama muy claro: no hay política agraria, no hay política industrial, no hay política educativa, no hay política social. En suma, no existe ningún programa que se oriente a resolver los problemas fundamentales del pueblo, ni los presentes y futuros desafíos del desarrollo, la independencia y soberanía de México; mientras que, en verdaderos actos de audacia, los candidatos que hoy andan en campaña por la Presidencia de la República nos ofrecen más de lo mismo: unos pregonan la alianza para todos, otros declaman su pasión por México y otros luchan por el bienestar de todos, pero ninguno de ellos habla de los problemas relacionados con las causas que hoy provocan el sufrimiento y la explotación del pueblo mexicano.
Por eso luchamos por la unidad en la acción con todas las fuerzas sindicales, sociales y políticas, sin exclusiones, que libran resistencia y pasan a la ofensiva, sin tener que fincar esperanzas en los resultados del proceso electoral.
Sin embargo, no creemos que con poner a salvo un solo aspecto de la vida independiente del país, dejando intacta la actual estructura de dominación y de dependencia respecto del imperialismo se pueda, al final de cuentas, ni siquiera mantener a salvo lo que actualmente defendemos.
Nosotros queremos la unidad de acción, porque queremos la unidad de todo el movimiento de masas contra el capitalismo; pero para transformar definitivamente la sociedad necesitamos un nuevo orden social y no simples cambios no esenciales en la sociedad existente.
Nosotros combatimos el modelo actual capitalista, desarrollando acciones unitarias de masas en todo el país, en cada uno de los estados de la república, en sus regiones y a escala internacional solidarizándonos con los pueblos en su combate por la independencia nacional, la soberanía y el socialismo.
Este 2º Congreso Nacional ratifica en todas sus partes nuestra adhesión a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y nuestra participación en “La Otra Campaña”.
En el Diálogo Nacional defendemos los principios de la lucha de masas, que se orientan por la defensa de los derechos inalienables e imprescriptibles del pueblo y la Nación mexicana.
Por eso hemos cerrado filas en “La Otra Campaña” junto al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, con todos los firmantes y adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.
Este es un camino sin regreso, que habrá de llevar a nuestro pueblo hasta la victoria, en el que ya tenemos los primeros frutos.
A nuestros compañeros y aliados les reiteramos nuestra profunda amistad y compromiso de contribuir con métodos unitarios a continuar con los compromisos que hemos adquirido en los diferentes frentes políticos de la lucha de masas.
Defendemos los derechos del pueblo mexicano en lucha permanente por su liberación e independencia en cualquier circunstancia y en cualquier lugar que sea necesario, y estaremos listos para continuar luchando frente al candidato presidencial que gane la elección, independientemente del Partido que represente.
Porque sabemos que no hay otro camino que la estrategia de reconocer que la defensa de los trabajadores y del pueblo será obra de los mismos trabajadores.
EL PROCESO ELECTORAL FEDERAL DEL 2006.
El proceso electoral que hoy se desarrolla en el país para elegir otro Presidente de la República, otros Senadores y Diputados al Congreso de la Unión, no pasaría de ser un simple ejercicio del poder que no debiera perturbar ni alterar la lucha de masas de nuestro país.
Sin embargo, no cerramos los ojos frente a este acontecimiento porque los procesos electorales, con el gobierno que tenemos al frente de este proceso y con los partidos políticos registrados en campaña, son una herramienta para confundir y para dividir al movimiento de masas, a los sindicatos y al pueblo. Porque hoy el capitalismo en México no tiene nada nuevo que ofrecer, se encuentran prácticamente en un callejón sin salida.
En el pasado las campañas electorales servían, de alguna manera, para difundir las ideas del socialismo y para organizar el pueblo. Cuando menos este frente de la lucha política en las elecciones podía ser aprovechado de manera honrada por las organizaciones que estaban interesadas en aprovecharlas como una forma de la lucha de clases, en la que por cierto obtuvimos históricos triunfos.
No añoramos ese pasado, lo que pasa es que la situación del país ha cambiado en la que solo aparecen los slogans y las imágenes de los candidatos, totalmente desprovistos de contenido y ajenos totalmente a los intereses populares. Hoy los procesos electorales, con la actual estructura electoral personificada en el Instituto Federal Electoral son todo lo contrario. Es decir, estos procesos y campañas están diseñadas para garantizar la elección exclusiva de puros candidatos neoliberales, porque por anticipado ya lograron presentar en la contienda como partidos registrados únicamente y de manera exclusiva a los partidos representativos del régimen capitalista. Este modelo ni siquiera tiene el valor de haber sido ideado por los actuales gobernantes sino que es una estrategia del imperialismo norteamericano para, por este medio, imponer la llamada alternancia sin modificar el proyecto de dominación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
Esta política electoral se ha establecido para abrirle paso a la alternancia de diversas fuerzas políticas en la dirección del gobierno respetando las reglas del juego, es decir, el robo de riqueza y capital vía deuda externa, FOBAPROA, así como otras formas de dominación, saqueo de la mano de obra, de los recursos naturales de nuestro país, dañando el medio ambiente, contaminando el agua y el aire, y reduciendo las expectativas de vida y de salud de los mexicanos.
De esta manera, qué valor tiene elegir a nuevos representantes del poder público en las diferentes esferas del Estado mexicano si en la práctica termina siendo una reelección para consolidar el sistema, un simple cambio de personas. En términos ideológicos y políticos, participa una sola clase social en la contienda.
LA VIDA DEL PARTIDO.
Desde la fundación de nuestro Partido venimos desarrollando la tarea de alcanzar un Partido bien estructurado. Un Partido de dirigentes del pueblo, ligados de manera permanente a lo más profundo de las preocupaciones, los anhelos y las luchas de los que nunca han tenido nada. Este pueblo ya no cabe en este sistema ni puede encontrar ni buscar su acomodo en él. El único sistema en el que podrá vivir plenamente es en el régimen socialista, que es el único posible en que puede desarrollar su existencia y mejorar sus condiciones materiales y espirituales de vida.
El Partido de los Comunistas es una trinchera y un arma para el combate ideológico y político para la lucha de masas. Es decir, luchamos porque la clase obrera y el pueblo eleven su conciencia al nivel de una verdadera lucha política, ejecutando una política de clase, defendiendo sus derechos, actuando como un partido político contra la burguesía y el imperialismo. En ese momento histórico la clase obrera tomará, con sus aliados, la dirección del Estado, encarnará por sí misma la existencia del Partido de la clase obrera y asumirá la conducción de los asuntos de la vida pública en todos los órdenes de la vida social. Esto es el presente y el futuro que hoy representamos.
La unidad del Partido es indispensable para tomar el poder. Esta concepción política de la unidad por la cual luchamos es el reconocimiento de que sin la lucha conciente de la clase obrera y sin el Partido de la clase obrera es imposible realizar la revolución y construir el socialismo. Hoy existen las condiciones para la toma del poder y la perspectiva de una lucha de masas, que es el único camino que hoy tiene el pueblo mexicano para alcanzar su libertad, lograr la independencia de la Nación mexicana y su plena soberanía.
En este proceso en que estamos involucrados somos aliados de todos los golpeados por el neoliberalismo como fase superior y última del imperialismo. Es decir, no vamos a la cola de la burguesía sino que estamos afianzando nuestra identidad ideológica y política en la lucha de masas, ratificando nuestra adhesión a todas las luchas que se han emprendido a lo largo y ancho de la República Mexicana, que agitan a diferentes sectores de la población trabajadora. Ratificamos así nuestra decisión inquebrantable de ir en defensa de la industria eléctrica nacionalizada, del petróleo y de los energéticos, incluyendo el uso pacífico de la energía nuclear; contra la política neoliberal de aplicar impuestos a los alimentos y a las medicinas, contra los intentos de anular la Ley Federal del Trabajo, de aniquilar al Instituto Mexicano del Seguro Social y al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, que no es más que el intento criminal de aniquilar los derechos inalienables del pueblo, como el derecho a la vida, el más sagrado de los principios que pudieran ser reconocidos en México.
Mantenemos nuestra alianza con el Sindicato Mexicano de Electricistas en la defensa de los intereses y los derechos de la clase obrera así como los de la Nación mexicana, en coincidencia con los objetivos que nuestro Partido tiene establecidos para una eficaz política de alianzas. Esta política de alianzas está subordinada a principios muy elementales pero que no pueden transgredirse, so pena de ser derrotados, como son la independencia del movimiento de masas respecto del gobierno y los partidos políticos.
Este II Congreso Nacional del Partido de los Comunistas declara su inquebrantable decisión de luchar hasta el fin, inspirado en el marxismo-leninismo, única teoría revolucionaria válida de nuestro tiempo, sellando nuestro compromiso junto con Lenin quien afirmó que “…no se trata tanto del número de miembros de una organización, como del sentido real, objetivo, de su política: de si esta política representa a las masas, sirve a las masas, es decir, sirve para liberarlas del capitalismo o representa los intereses de una minoría, su conciliación con el capitalismo”.
Por esto es imposible que nos equivoquemos, porque nos importa mucho ligarnos a “…la masa inferior –como decía Engels- la verdadera mayoría”, porque no está contaminada de “respetabilidad burguesa”, “ese es el quid de la táctica marxista” concluía Lenin.
Para llegar a este objetivo estamos en la creación de los Comités de Defensa Proletaria, no como organismos del Partido, sino como organismos de base, de los de abajo, de los que están más abajo, de los excluidos y de los explotados por este régimen para que se agrupen en sus centros de trabajos, en el barrio o la colonia, en los ejidos y las fábricas, en la escuela y en todas partes donde vive el pueblo trabajador, para que se agrupe para luchar contra la política del gobierno; no para realizar meras acciones de trámite y gestoría de los asuntos y problemas de la vida cotidiana, totalmente desprovistos de la necesidad primordial de integrar una fuerza en la base del pueblo que forme la estructura nueva del Estado mexicano arrancando desde la base; de allí de donde deben surgir y estar siempre cimentadas todas las luchas para mantener una viva lucha revolucionaria de masas, hoy y siempre, aún viviendo en el régimen socialista.
Compañeras y compañeros delegados:
Saludamos con emoción revolucionaria a nuestros camaradas de los Partidos Comunistas que hoy nos acompañan y nos honran con su asistencia; a los que representan heroicas victorias en el combate contra el imperialismo; recogemos con reconocimiento los mensajes de aliento y solidaridad que hemos recibido de fraternales Partidos Comunistas del mundo que no han podido asistir a este evento.
Hemos cumplido nuestro compromiso de luchar contra la llegada a la Presidencia de la República de un Presidente neo-liberal más, y eso es lo que estamos haciendo.
En el escaso tiempo transcurrido desde que nacimos han sucedido acontecimientos que han demostrado la validez de nuestra política.
El pueblo mexicano derrotó a Fox y al imperialismo defendiendo a Cuba contra el rompimiento de relaciones diplomáticas. Así mismo, quedó exhibido cuando –por defender a Bush- se enfrentó al gobierno y al pueblo de la República Bolivariana de Venezuela, al gobierno de Argentina, a su Presidente Kichner, al futbolista Maradona y a todos los pueblos latinoamericanos.
La lucha de masas de nuestro país ha demostrado que cuando la clase obrera se decide y se pone a la vanguardia en la defensa de los intereses del pueblo, triunfo y derrota a nuestros adversarios.
Ese es el camino a la victoria.
Ese es el camino a nuestra plena independencia y soberanía nacional.
Ese es el camino al socialismo.
¡VIVA EL II CONGRESO NACIONAL DEL PARTIDO DE LOS COMUNISTAS!
¡VIVA EL PARTIDO DE LOS COMUNISTAS!
¡VIVA MEXICO!
¡VIVA MEXICO!
¡VIVA MEXICO!